La 65 edición del Gran Premio de Velocidad Ciudad de La Bañeza volvió a convertir este fin de semana la localidad leonesa en el epicentro del motociclismo urbano español, con unas 70.000 personas siguiendo una cita que mezcló éxito deportivo, gran afluencia y un saldo de dos accidentes que dejaron diez heridos. El valenciano Alejandro Martínez Mas se impuso de nuevo en la categoría reina, 125 GP/Moto 3, y amplió a cinco sus victorias en este trazado, el más antiguo de España.
El balance médico fue el dato más sensible de una prueba que, año tras año, mantiene su atractivo precisamente por la singularidad del circuito, pero también por los riesgos que conlleva competir en calles cerradas al tráfico. Cruz Roja atendió el sábado a nueve personas tras el accidente registrado durante los entrenamientos cronometrados, ocurrido sobre las 18.30 horas en la curva 7, en el Paseo del Jardín, a la altura del número 54. Dos motocicletas chocaron entre sí y, tras salirse de la calzada por la salida de frenado, impactaron con personal de la organización y de seguridad. Tres de los afectados fueron evacuados a centros sanitarios.

Un circuito con prestigio y riesgo
La secuencia de incidentes se completó el domingo con el accidente sufrido por el piloto bañezano Álvaro Cordero durante la carrera. El corredor cayó en la bajada previa a la curva 3 y sufrió politraumatismos al golpearse con el suelo y las barreras de protección. Tras ser estabilizado por Cruz Roja, fue trasladado a un centro sanitario de León, donde permanecía estable según la última información disponible. La repetición de accidentes en un escenario de tanta proximidad entre público, pilotos y equipos reabre una discusión conocida en La Bañeza: el valor patrimonial y deportivo del circuito convive con una exposición al riesgo que no desaparece con la experiencia organizativa.
En lo puramente competitivo, el triunfo de Martínez Mas confirmó su dominio en la cita leonesa. El piloto valenciano no solo ganó en Moto 3, sino que también se impuso en las Clásicas de dos tiempos, una muestra de regularidad poco común en un fin de semana de alta exigencia física y técnica. En el resto de categorías, Sergio Fuertes venció en Clásicas de cuatro tiempos y David Posada Sánchez en Eurotwins, con Bruno Campín como vencedor en esta última clase en otra de las referencias recogidas por la Agencia Ical. La combinación de vencedores locales, nacionales e internacionales refuerza el peso deportivo del Gran Premio dentro del calendario de velocidad clásica.
Una cita que sostiene su peso propio
Más allá de los resultados, La Bañeza volvió a exhibir el arraigo social de una prueba que nació en 1952 y que celebró en 2009 sus bodas de oro al no haberse disputado todos los años desde su origen. La edición de este año coincidió además con el reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León, un sello que subraya la dimensión cultural del evento y su capacidad para atraer visitantes de toda España. A ello se sumaron la Feria del Motor y las actividades de las fiestas de Nuestra Señora de la Asunción y San Roque, que amplían el impacto económico y turístico de un acontecimiento que ya no se entiende solo como competición, sino como una cita de identidad local con proyección nacional.
La respuesta final que deja esta edición es doble. Por un lado, la prueba conserva intacta su fuerza de convocatoria y su valor simbólico para el motociclismo español. Por otro, los accidentes del sábado y del domingo obligan a mirar de nuevo las exigencias de seguridad de un circuito urbano donde el margen de error sigue siendo mínimo. En ese equilibrio, La Bañeza mantiene su singularidad: una carrera histórica, multitudinaria y profundamente arraigada, pero sometida a los riesgos inherentes a una tradición que sigue viva precisamente porque no ha perdido su carácter extremo.
