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La dieta de Perico Delgado revela la distancia entre el ciclismo de ayer y el actual

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Pedro Delgado Robledo, conocido como Perico Delgado, ha recordado una singular experiencia vivida durante el Tour de Francia de 1991: su convivencia con Miguel Induráin terminó interrumpiéndose por la diferencia entre los alimentos que ambos tomaban después de cada etapa. Mientras el segoviano recurría a bocadillos, cerveza y mantecados para recuperar fuerzas, el navarro seguía una pauta mucho más contenida, basada en muesli y zumo de naranja.

La anécdota, relatada por Delgado en una entrevista reciente con la web Ciclismo al Día y recogida también por La Razón, ofrece una imagen poco habitual de la preparación de los ciclistas profesionales de aquella época. Más allá del tono humorístico del relato, sus palabras reflejan la profunda transformación experimentada por la nutrición deportiva: de una alimentación guiada en buena medida por las sensaciones y las costumbres personales a un sistema planificado en función del peso, el esfuerzo y la recuperación.

Una habitación compartida durante el Tour de 1991

La escena se produjo en el Tour de Francia de 1991, cuando Induráin comenzaba a consolidarse como jefe de filas del equipo Reynolds-Banesto. El navarro acabaría ganando aquella edición, la primera de las cinco victorias consecutivas que conseguiría en París entre 1991 y 1995. Delgado, ganador del Tour de 1988 y uno de los corredores con mayor peso dentro de la formación, recibió una función de apoyo y protección para el nuevo líder.

Según explicó el propio Delgado, el director del equipo, José Miguel Echávarri, decidió alojar a ambos en la misma habitación después de que Induráin se vistiera de amarillo. La intención era que el ciclista de Riaza atendiera a la prensa y ayudara a preservar la tranquilidad del navarro durante una fase decisiva de la carrera.

El acuerdo, sin embargo, no duró demasiado. Delgado cuenta que, al regresar de las etapas, colocaba en la habitación los alimentos que acostumbraba a tomar: “bocadillo, cerveza, mantecados”. Induráin, más preocupado por controlar su tendencia a ganar peso, disponía de una ingesta mucho más ligera, con muesli y zumo de naranja. La diferencia terminó resultándole incómoda hasta el punto de que decidió marcharse a otra habitación.

La dieta de Perico Delgado revela la distancia entre el ciclismo de ayer y el actual

Durante un tiempo, Delgado pensó que la decisión de Induráin podía deberse a los ronquidos. La explicación real llegó después, cuando el navarro le confesó, según el relato del exciclista, que no soportaba observar cómo su compañero comía con apetito mientras él intentaba limitarse al muesli. La situación se convirtió en una anécdota entre ambos, pero también evidenció que la alimentación podía influir en la convivencia y en la recuperación dentro de un equipo profesional.

Desayunos abundantes antes de competir

Delgado también ha detallado cómo se alimentaba antes de las carreras. En una entrevista reciente explicó que sus desayunos podían incluir tortilla de patata, carne, pasta o arroz, pan, bollería y café con leche. En otra descripción de aquella rutina mencionó un bistec grande, macarrones o arroz, magdalenas, pan tostado y café con leche.

El corredor ha reconocido que ese patrón sería difícilmente aceptable en un equipo de primer nivel actual. “Esto lo haces ahora y te echan”, afirmó al comparar sus hábitos con los controles nutricionales contemporáneos. La frase debe entenderse dentro del contexto de su época: no se trataba necesariamente de una ausencia total de disciplina, sino de un modelo menos estandarizado y con menor seguimiento científico que el vigente.

Delgado también atribuye parte de esa libertad a sus características físicas. Asegura que no tenía que preocuparse demasiado por el peso y que podía permitirse determinados caprichos después de competir. Induráin, en cambio, era más proclive a ganar kilos, una circunstancia especialmente relevante para un corredor destinado a destacar en las grandes vueltas, donde la relación entre peso y rendimiento resulta determinante en la montaña.

De la intuición al control nutricional

La comparación entre ambos corredores ayuda a entender la evolución del ciclismo profesional. En la época de Delgado, la comida posterior a una etapa cumplía sobre todo una función inmediata: calmar el hambre y reponer energía. La elección dependía en gran medida de las preferencias del ciclista, de la disponibilidad en los hoteles y de los consejos transmitidos dentro del equipo.

Actualmente, los equipos suelen ajustar las cantidades y la composición de cada comida al perfil de la etapa, al gasto energético acumulado y a los objetivos de peso de cada corredor. Los hidratos de carbono, las proteínas, la hidratación y los periodos de recuperación se integran en planes individualizados. La intención ya no es solo recuperar fuerzas, sino hacerlo sin comprometer la composición corporal ni el rendimiento de los días siguientes.

La trayectoria de Delgado explica por qué su testimonio mantiene interés. Nacido en Riaza en 1960, ganó el Tour de Francia de 1988 y la Vuelta a España en dos ocasiones. En 1989 estuvo cerca de repetir triunfo en la ronda francesa, pero perdió más de tres minutos tras llegar tarde a la contrarreloj individual de Luxemburgo, un episodio que condicionó sus opciones en la clasificación general.

Después de su retirada, Delgado mantuvo una presencia habitual como comentarista de las grandes carreras en Televisión Española. Para buena parte del público más joven, esa faceta es la más conocida; para quienes siguieron el ciclismo de los años ochenta y noventa, continúa siendo uno de los principales corredores españoles de aquella generación. Su recuerdo sobre la habitación compartida con Induráin combina humor y memoria deportiva, pero también permite observar cuánto han cambiado las exigencias profesionales de la alimentación en el ciclismo de élite.

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