El 18 de julio de 2026, Sagunt acoge las últimas pruebas selectivas de la 65.ª edición del Festival Internacional del Cante de las Minas. El Centro Cívico del Port de Sagunt abre sus puertas a partir de las 22.00 horas para que aspirantes demuestren su nivel en cante, guitarra y baile. Quienes superen esta fase avanzarán a las semifinales que se celebrarán en La Unión entre el 5 y el 7 de agosto, antes de la final del 8 de agosto donde se otorgarán la Lámpara Minera, el Bordón Minero, el Desplante y el trofeo Filón. La entrada gratuita hasta completar aforo convierte el acto en un punto de encuentro accesible para el público local.

Esta decisión de trasladar la última criba a Sagunt responde a una estrategia que busca ampliar la base territorial del certamen sin renunciar a su sede histórica en el municipio murciano. El festival mantiene intacto su calendario final en La Unión, pero utiliza la localidad valenciana como filtro previo que reduce costes logísticos para participantes procedentes del este peninsular y permite captar talento que habitualmente no viaja hasta Murcia en fases tempranas.
El peso económico de una prueba itinerante
Los ayuntamientos que acogen estas fases previas obtienen visibilidad inmediata y un flujo de visitantes que, aunque modesto en una sola jornada, genera ingresos en hostelería y comercio local. Sagunt, con su puerto industrial y su patrimonio romano, encuentra en el evento una oportunidad para posicionarse como escenario cultural complementario al turismo de playas. Organizaciones empresariales de la comarca ya han manifestado interés en patrocinar futuras ediciones si el modelo se repite.
Por otro lado, los participantes afrontan un dilema práctico: la cercanía geográfica reduce gastos de desplazamiento, pero la exigencia artística sigue siendo idéntica a la de cualquier otra sede. El jurado, formado por figuras consolidadas del flamenco, aplica los mismos criterios que en La Unión, por lo que la ventaja logística no se traduce en menor rigor evaluador.
El equilibrio entre identidad minera y apertura geográfica
El nombre del festival evoca la cuenca minera de La Unión, un territorio que forjó un estilo propio de cante. La incorporación de Sagunt plantea si esta apertura diluye el carácter originario o, por el contrario, refuerza la capacidad del certamen para atraer nuevas voces sin perder su esencia. Artistas vinculados históricamente a la zona minera temen que la proliferación de sedes secundarias acabe por convertir el festival en un circuito más amplio y menos exclusivo.
Desde la organización se defiende que la Lámpara Minera y los demás galardones solo se entregan en La Unión, lo que preserva el simbolismo central. Sin embargo, el simple hecho de que una prueba eliminatoria se celebre fuera de Murcia modifica la percepción pública: el festival ya no se percibe exclusivamente como un asunto murciano.
Perspectivas de los distintos actores implicados
Los aspirantes valoran positivamente la reducción de barreras de entrada. Muchos jóvenes de Castellón, Alicante o Valencia que no disponen de recursos para múltiples desplazamientos ven en Sagunt una puerta realista hacia las semifinales. En cambio, algunos cantaores veteranos de La Unión consideran que la descentralización resta peso simbólico a las semifinales y finales celebradas en el corazón de la sierra minera.
Los ayuntamientos de ambas localidades mantienen una relación de complementariedad más que de competencia. Sagunt aporta infraestructura y público fresco; La Unión conserva el prestigio de acoger la fase decisiva y la entrega de premios. Esta división de roles podría servir de modelo para otros festivales que buscan ampliar su alcance sin renunciar a su sede fundacional.
Riesgos de saturación y control de calidad
La ampliación de sedes selectivas incrementa el número de solicitudes, pero también multiplica la carga de trabajo del jurado. Si en ediciones sucesivas se añaden más localidades, el riesgo de que el nivel medio descienda por falta de tiempo para evaluar con profundidad se vuelve real. Hasta ahora el festival ha mantenido una reputación de exigencia gracias a su escala contenida; cualquier expansión descontrolada podría erosionar esa percepción.
Otro factor a considerar es la dependencia de la gratuidad de acceso. Aunque favorece la asistencia masiva, limita los ingresos directos y obliga a buscar financiación externa. Patrocinios privados o convenios con diputaciones pueden cubrir el déficit, pero introducen condicionantes que no siempre coinciden con los objetivos artísticos originales del certamen.
Escenarios probables para las próximas ediciones
Si los resultados de participación en Sagunt resultan satisfactorios, es previsible que el festival explore otras plazas intermedias entre 2027 y 2030. Ciudades con tradición flamenca como Alicante o Castellón podrían acoger pruebas similares, siempre que mantengan la conexión temática con el mundo minero a través de programaciones complementarias o exposiciones paralelas. El éxito dependerá de que cada nueva sede aporte valor añadido sin fragmentar la narrativa central del festival.
La clave radicará en preservar la jerarquía clara entre fases previas y la gran final en La Unión. Mientras esa estructura se respete, la incorporación de Sagunt puede interpretarse como una evolución natural que fortalece la viabilidad del certamen sin comprometer su identidad histórica.
