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La FIFA niega promesas sobre la final de 2030

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La FIFA negó este miércoles que su presidente, Gianni Infantino, haya ofrecido a Marruecos la final de la Copa del Mundo de 2030 a cambio de respaldo político para continuar en el cargo. Tras una reunión celebrada en Rabat, el organismo calificó de “falso y engañoso” afirmar que el dirigente haya realizado cualquier promesa relacionada con la sede del partido decisivo y aseguró que la elección se tomará “a su debido tiempo”.

La aclaración responde a una información publicada por el diario británico The Times, según la cual Infantino habría planteado conceder a Marruecos la organización de la final como parte de una estrategia para obtener apoyos ante la presión que enfrenta dentro del fútbol internacional. El periódico sostuvo que el presidente de la FIFA busca asegurar su permanencia durante otros cuatro años a partir de 2027.

La disputa sobre la final se produce en un contexto de creciente tensión alrededor de la dirección de la FIFA. Infantino se desplazó a Marruecos mientras intenta contener la crisis provocada por una iniciativa fallida para vender participaciones de la Copa del Mundo a entidades privadas. El proyecto, de acuerdo con el contexto recogido en la información, ha generado resistencias entre asociaciones nacionales y ha debilitado parte de los respaldos con los que contaba el dirigente.

Una decisión que la FIFA mantiene abierta

La sede de la final de 2030 no ha sido anunciada oficialmente. La FIFA subrayó que cualquier afirmación que presente como cerrado un acuerdo con Marruecos carece de fundamento y evitó anticipar un calendario concreto para resolver la cuestión. La fórmula “a su debido tiempo” deja abierta la decisión y, al mismo tiempo, trata de separar el procedimiento institucional de las versiones sobre negociaciones políticas.

El Mundial de 2030 será organizado conjuntamente por España, Marruecos y Portugal, con la particularidad de que también se disputarán tres encuentros en Sudamérica. Esa distribución convierte la designación del estadio para la final en uno de los principales asuntos pendientes del torneo. Aunque los países anfitriones comparten la responsabilidad del campeonato, la elección del escenario más importante puede tener una relevancia deportiva, económica y simbólica especialmente elevada.

Marruecos aspira a albergar el partido en el estadio Hassan II, en Casablanca, un proyecto presentado como una pieza central de su apuesta por consolidarse como sede de grandes acontecimientos deportivos. España, por su parte, espera que la final se juegue en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. La rivalidad entre ambas candidaturas se mantiene dentro del marco de una decisión que corresponde a la FIFA y que, según el organismo, todavía no está tomada.

El trasfondo político de la controversia

La información de The Times vincula directamente la disputa por la sede con la situación interna de Infantino. El diario describe al presidente de la FIFA como “desesperado” por reunir apoyos suficientes para continuar al frente de la organización después de 2027. La FIFA, sin embargo, no confirmó esa interpretación ni hizo referencia en su comunicado a un intercambio entre respaldo político y asignación de la final.

Marruecos ha sido considerado un aliado relevante de Infantino desde su llegada a la presidencia de la FIFA hace diez años. Esa relación explica que cualquier encuentro entre ambos en un momento de crisis sea observado con atención, aunque la proximidad política no constituye por sí misma una prueba de que se haya alcanzado un acuerdo sobre la final. La organización internacional insiste precisamente en que no existe una promesa formal o informal atribuible a su presidente.

La controversia también refleja la sensibilidad que rodea al proceso de designación de las sedes. La elección de una final mundialista no solo afecta a la planificación logística del torneo. También distribuye visibilidad internacional, ingresos asociados al evento y reconocimiento institucional entre los países anfitriones. Por ello, una decisión percibida como resultado de un pacto político podría generar cuestionamientos sobre la transparencia y la independencia del procedimiento, incluso aunque todavía no exista una resolución oficial.

Más presión sobre el presidente de la FIFA

La negativa del organismo llega después de que varias asociaciones nacionales retiraran su apoyo a Infantino. Entre ellas figuran las federaciones inglesa, galesa y serbia, según la información difundida. La pérdida de respaldo de entidades con peso dentro del fútbol europeo aumenta la incertidumbre sobre el equilibrio político de la FIFA y sobre la capacidad del presidente para afrontar el próximo ciclo electoral.

A esas señales se sumó este miércoles la petición pública de dimisión formulada por el exfutbolista portugués Luis Figo, una figura de notable reconocimiento internacional. Su posición no implica por sí sola un cambio institucional, pero amplía la repercusión pública de las críticas y sitúa la gestión de Infantino bajo un escrutinio más intenso.

El episodio combina así tres planos distintos: una decisión deportiva aún pendiente, una crisis de gobernanza vinculada a la estrategia comercial de la FIFA y una carrera anticipada por los apoyos que definirán la continuidad de su presidente. La organización trata de preservar la separación entre esos asuntos al negar cualquier promesa a Marruecos. Hasta que se anuncie oficialmente la sede, el Hassan II y el Santiago Bernabéu seguirán siendo las principales referencias de una disputa que ya trasciende la elección de un estadio.

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