La cúpula de la FIFA intenta cerrar la crisis provocada por el plan para fragmentar y comercializar el Mundial con una carta de disculpas enviada a las 211 federaciones miembro. El documento, firmado por el secretario general Mattias Grafström, asegura que los hechos no volverán a repetirse, pero no incluye explicaciones concretas sobre las decisiones adoptadas ni sobre las ganancias previstas.
Disculpas sin rendición de cuentas
Gianni Infantino, cuyo salario anual habría sido fijado en 30 millones de euros según las denuncias recogidas en el artículo, continúa al frente de la organización. La reunión celebrada en Rabat tampoco respondió a las preguntas planteadas por Luis Figo: por qué el proyecto no se comunicó antes a las federaciones, cuáles eran sus riesgos y beneficios, y por qué no se informó de la remuneración asociada a la operación.

La ausencia de dimisiones es el principal foco de tensión. Figo sostiene que la falta de transparencia impide considerar sólido el plan y reclama la salida inmediata de Infantino para preservar la credibilidad del fútbol. El problema, por tanto, no se limita a una polémica salarial: afecta al modo en que la FIFA toma decisiones, distribuye los beneficios y rinde cuentas ante sus miembros.
Hasta ahora, varias federaciones han expresado su respaldo al presidente, entre ellas las de Marruecos, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Indonesia, Líbano y Bután. Ese apoyo permite a la dirección presentarse como políticamente estable, aunque no resuelve las dudas financieras ni satisface las exigencias de transparencia. La carta de disculpa puede contener el desgaste inmediato, pero difícilmente restablecerá la confianza mientras no haya información verificable, responsabilidades asumidas y una explicación completa del proyecto.
