En las horas previas a la final, Ana de la Fuente describe el ambiente familiar como una combinación de tensión intensa e ilusión desbordante. La tercera de cinco hermanos destaca el orgullo colectivo y la confianza plena en el equipo y en su hermano, a quien ve como una persona centrada que gestiona la presión con notable equilibrio.

La infancia en Haro, entre juegos callejeros y una familia numerosa de deportistas, forjó un carácter amable y respetuoso que ahora se traduce en liderazgo sereno. Ana señala que Luis envía mensajes de tranquilidad por WhatsApp sin alterar sus rutinas familiares, demostrando que el esfuerzo acumulado ya ha dado frutos independientemente del resultado.
Esta estabilidad emocional, cultivada desde la niñez, explica por qué el seleccionador mantiene la compostura ante la máxima exigencia. La familia opta por seguir sus costumbres habituales durante el partido, reflejando una confianza que no depende de cambios externos.
