Irene Paredes ha iniciado su sexta temporada en el Barça con un papel que va mucho más allá de la continuidad. La central vasca, fichada en el verano de 2021 procedente del PSG, se ha convertido en una pieza fija tanto para Jonatan Giráldez como para Pere Romeu y ahora asume un desafío distinto: sostener una defensa rejuvenecida tras una de las mayores renovaciones de la plantilla reciente.
La salida de Mapi León y Ona Batlle, unida a la llegada de Martina Fernández, de 21 años, y Renee Van Asten, de 19, ha reducido de forma sensible la media de edad de la zaga. En ese contexto, Paredes, de 35 años, y Marta Torrejón, de 36, quedan como las principales referencias para trasladar experiencia y orden a un bloque que deberá competir en Europa sin perder solvencia. Fuentes próximas a la jugadora la describen como una “líder silenciosa”, una etiqueta que encaja con su perfil: influencia sin estridencias y un vínculo constante con las futbolistas más jóvenes.
La temporada pasada ya dejó una imagen significativa de transición, cuando en el Johan Cruyff se despidieron Alexia Putellas, Ona Batlle y Mapi León. Paredes, que entonces reflexionó sobre el final natural de los ciclos, entra ahora en una etapa en la que su función se amplía. Si no surge ningún contratiempo, alcanzará este curso los 200 partidos con la camiseta azulgrana, una cifra que resume su peso competitivo y también su estabilidad en un equipo sometido a cambios continuos.

Una defensa con menos edad y más responsabilidades
La reconfiguración no afecta solo al eje central. Laia Aleixandri continúa recuperándose de una lesión y su regreso está previsto, según los plazos del club, para comienzos de 2027. Mientras tanto, Julia Torres, Charlotta Ohlander y Noa Jiménez han comenzado la pretemporada en dinámica del primer equipo desde el filial. Torres y Ohlander son centrales; Jiménez puede actuar en cualquiera de los cuatro puestos de la línea defensiva, una versatilidad útil en un momento en el que el cuerpo técnico necesita soluciones inmediatas y margen de maniobra.
En los laterales, el Barça conserva a la pareja Esmee Brugts y Carla Julià por la izquierda, con la particularidad de que Julià ha renovado hasta 2030 y ya cuenta con ficha del primer equipo. La derecha sigue siendo el flanco más abierto: solo está Aïcha Camara, aunque Martina Fernández, Van Asten y la propia Aleixandri podrían ocupar esa zona. Pere Romeu ya dejó claro en una entrevista que el club busca incorporar una lateral capaz de jugar en varios perfiles, una necesidad que confirma que el mercado no ha terminado de cerrar todas las carencias estructurales.
El calendario tampoco ayuda a estabilizar la rotación. Durante gran parte de septiembre, el Barça perderá a Aïcha Camara, Carla Julià, Noa Jiménez y Julia Torres, además de Clara Serrajordi y Rosalía Domínguez, por la disputa del Mundial sub-20 en Polonia, previsto del 5 al 27 de septiembre. Esa ausencia simultánea reducirá todavía más las opciones en defensa y obligará a administrar minutos con precisión desde el inicio de la temporada.
Contrato, presente y futuro abierto
El caso de Paredes también tiene una lectura de futuro. Su contrato termina el próximo verano, pero su situación no está cerrada. La futbolista vive en Barcelona con su mujer y sus dos hijos y se siente cómoda en la ciudad, aunque todas las opciones siguen sobre la mesa a la espera de una conversación con el club sobre la idea deportiva de ambas partes. En lo físico, fuentes de su entorno sostienen que llega en buen estado y con confianza para seguir rindiendo al máximo nivel durante algunos años más.
Su verano ha sido tranquilo, en familia, con rutas en furgoneta por la montaña como principal desconexión antes de volver a una responsabilidad mayor. El Barça ha compensado las salidas de este mercado con una mezcla de continuidad y juventud: permanecen figuras consolidadas como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro o Caroline Graham Hansen, mientras las nuevas generaciones intentan abrirse paso. En ese equilibrio, Paredes aparece como una pieza de transición y de autoridad. No solo debe defender; también debe ordenar, sostener y acelerar la adaptación de una zaga que ha cambiado de edad, de nombre y de jerarquía, pero no de exigencia.
