La proximidad de la semifinal entre Argentina e Inglaterra en el Mundial 2026 ha puesto de relieve un fenómeno que trasciende las fronteras geográficas: el apoyo escocés a la selección albiceleste. En Glasgow, la corresponsal Eva Umer documentó cómo la rivalidad histórica entre Escocia e Inglaterra se traduce en alineamientos futbolísticos que reproducen divisiones locales. La mayoría de los entrevistados en la calle manifestaron preferencia por Argentina, un dato que no sorprende cuando se examina el mapa de identidades que divide a la ciudad entre seguidores del Celtic y del Rangers.
La división celta-rangers como espejo local
El relato de Umer establece un paralelo directo entre el clásico Boca-River y el Old Firm. Los hinchas del Celtic, mayoritariamente católicos e identificados con el nacionalismo escocés, expresaron sin rodeos su deseo de que Argentina gane. En cambio, los seguidores del Rangers, de tradición protestante y más cercanos a la unión con Inglaterra, mantuvieron una postura más reservada o abiertamente contraria. Esta correspondencia no es casual: ambas fracturas comparten raíces religiosas y políticas que se remontan al siglo XIX y que el fútbol ha perpetuado hasta hoy.
La entrevista callejera revela que la preferencia por Argentina no responde únicamente al antiinglesismo. Muchos escoceses mencionan vínculos familiares o sentimentales con Sudamérica, producto de oleadas migratorias que incluyeron escoceses hacia Argentina durante el siglo XIX y principios del XX. Estos lazos, aunque diluidos, resurgen cada vez que se enfrentan selecciones de ambos países.

Conexiones migratorias que explican el alineamiento
El marido de Umer, escocés, señala que “muchos escoceses tienen una conexión con Argentina”. Esta afirmación se sustenta en datos históricos: entre 1825 y 1914 arribaron a Argentina más de 40.000 escoceses, principalmente a la provincia de Buenos Aires y a Entre Ríos. Sus descendientes conservaron apellidos como Maclean, Ross o Ferguson, y algunos clubes fundados por ellos mantienen tradiciones que aún hoy generan identificación recíproca. El caso del Club Atlético Independiente, cuyos colores y primeros directivos guardan relación con inmigrantes escoceses, constituye un ejemplo concreto de esta herencia compartida.
Desde el punto de vista de la diáspora argentina en Escocia, el apoyo no es unidireccional. Eva Umer y su esposo representan un microcosmos de matrimonios mixtos que actúan como puentes culturales. Estas parejas transmiten a sus hijos relatos de ambos países y fomentan un consumo mediático que combina la Premier League con la Liga Profesional argentina. El resultado es una audiencia que sigue el Mundial con una intensidad comparable a la de cualquier ciudad argentina.
Impacto en la industria audiovisual y el periodismo deportivo
La cobertura de Telenoche desde Glasgow ilustra cómo las cadenas argentinas han ampliado su red de corresponsales para captar audiencias que ya no se limitan al territorio nacional. El segmento emitido el 14 de julio generó más de 180.000 interacciones en redes sociales en las primeras cuatro horas, según datos internos de la señal. Esta cifra sugiere que el interés por el relato de la rivalidad escocesa no es anecdótico: representa una oportunidad comercial para productores de contenido que expliquen las capas históricas detrás de cada partido.
Para las plataformas de streaming que poseen derechos del Mundial, el fenómeno añade una variable: la posibilidad de modular narrativas regionales. En el Reino Unido, por ejemplo, una cobertura que destaque la división entre Celtic y Rangers podría atraer a espectadores escoceses que normalmente evitan los partidos de la selección inglesa. En Argentina, el mismo material refuerza la percepción de que el país cuenta con apoyos inesperados en Europa.
Perspectivas de los hinchas y riesgos de escalada
Desde el lado del Celtic, el apoyo a Argentina se presenta como una extensión de su identidad anti-establishment. Los grupos ultras consultados en foros especializados coinciden en que “cualquier cosa que moleste a los ingleses nos gusta”. Esta postura, sin embargo, genera tensiones internas: sectores más moderados del club prefieren mantener distancia de posiciones políticas que podrían derivar en sanciones de la UEFA.
Del lado del Rangers, la postura es más contenida pero no exenta de controversia. Algunos hinchas argumentan que apoyar a Inglaterra es una cuestión de lealtad británica, mientras otros prefieren abstenerse. La ausencia de una postura unificada dentro del club refleja la complejidad de una afición que, en las últimas dos décadas, ha intentado distanciarse de connotaciones sectarias sin lograrlo del todo.
El riesgo principal radica en que la pasión desbordada de ambos bandos se traslade a las calles durante la semifinal. Glasgow ya ha vivido episodios de violencia asociada al Old Firm; la coincidencia con un partido de alto voltaje internacional podría multiplicar los incidentes. Las autoridades locales han anunciado un dispositivo de seguridad reforzado, aunque su efectividad dependerá de la capacidad de los líderes ultras para contener a sus seguidores.
Proyecciones hacia el futuro del fútbol global
El caso escocés anticipa una tendencia más amplia: la fragmentación de identidades nacionales en favor de alianzas transnacionales basadas en afinidades históricas o ideológicas. En los próximos Mundiales será cada vez más común encontrar hinchadas que apoyen a selecciones ajenas a su país de origen cuando existe un relato compartido de marginación o resistencia.
Para los clubes europeos, esta dinámica representa tanto una oportunidad de mercado como un desafío de gobernanza. Equipos como el Celtic podrían beneficiarse de giras o acuerdos de intercambio con clubes argentinos que refuercen la conexión emocional. Al mismo tiempo, las federaciones deberán diseñar protocolos que eviten que las rivalidades locales se conviertan en focos de conflicto durante torneos internacionales.
La experiencia de Eva Umer demuestra que las fronteras emocionales del fútbol ya no coinciden con los mapas políticos. Escocia, sin selección propia en el Mundial 2026, ha encontrado en Argentina un vehículo para expresar identidades que el Estado británico no logra canalizar. Esa transferencia de lealtades seguirá moldeando la forma en que se consume y se narra el deporte más global del planeta.
