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La Real mejorará con los ausentes

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La Real Sociedad cerró su segundo amistoso ante el Colonia con otra derrota por 2-1, un resultado que vuelve a poner el foco sobre sus problemas defensivos, pero que también debe leerse dentro de un contexto más amplio: el equipo todavía está incompleto, afronta una fase de preparación y acaba de recuperar a Takefusa Kubo después de su participación internacional. La imagen ofrecida en el RheinEnergieStadion dejó señales de preocupación, aunque también argumentos para pensar que el conjunto txuriurdin puede elevar su rendimiento cuando incorpore a sus principales ausentes y complete la plantilla diseñada para la nueva temporada.

El marcador, por sí solo, prolonga una dinámica incómoda en la gira alemana. La Real volvió a encajar dos goles y volvió a quedarse sin capacidad de reacción en el tramo final, después de que Yacobi cabeceara el 2-1 en el minuto 78. No se trata de una derrota propia de un partido oficial ni permite extraer conclusiones definitivas sobre el futuro del proyecto de Pellegrino Matarazzo, pero sí expone dos cuestiones concretas: la fragilidad de ciertos mecanismos defensivos y la dificultad para transformar la posesión y las aproximaciones en ocasiones claras y sostenidas.

Una pretemporada marcada por las ausencias

La Real compareció en Colonia con una alineación condicionada por la ausencia de varios futbolistas llamados a tener un peso relevante. Mikel Oyarzabal y Gonçalo Guedes no participaron, mientras el club continúa pendiente de los fichajes que deben completar el grupo. Kubo entró en la segunda mitad y fue la principal noticia positiva, no tanto por una acción decisiva como por lo que representa su regreso: velocidad en el uno contra uno, capacidad para fijar defensores y una amenaza que obliga al rival a proteger mejor su banda.

La diferencia entre una plantilla provisional y el equipo competitivo que pretende construir la Real puede ser significativa. Oyarzabal aporta interpretación entre líneas, llegada y liderazgo en el último tercio; Guedes puede ampliar las soluciones en ataque y añadir potencia a las transiciones; Kubo, por su parte, ofrece una salida individual que rompe partidos cerrados. Cuando faltan varios perfiles de ese nivel, la estructura ofensiva pierde variedad y el rival puede defender con menos incertidumbre. Eso ayuda a explicar que los donostiarras dominaran algunos momentos sin convertir ese dominio en una producción ofensiva suficiente.

La pretemporada también sirve para probar futbolistas y asociaciones. Oskarsson volvió a ocupar una posición central y dispuso de algunas opciones, entre ellas un cabezazo alto y otro remate en la segunda parte, pero quedó demasiado aislado durante largos tramos. Carlos Soler buscó soluciones a balón parado y con disparos desde la frontal, aunque Schwäbe respondió con seguridad. La cuestión no es únicamente quién juega, sino cómo se conectan las piezas: un delantero necesita recibir antes, los centrocampistas deben progresar con mayor continuidad y los extremos han de llegar acompañados al área.

Los errores que alteraron el guion

El primer gol del Colonia llegó en el minuto cinco y tuvo un origen inequívoco. Yangel Herrera perdió un balón en una zona comprometida y dejó a Maina con espacio suficiente para encarar a Álex Remiro. El atacante alemán regateó al guardameta y adelantó a su equipo. En un amistoso, estos errores pueden formar parte del aprendizaje, pero su repetición tendría un coste alto en competición. La Real pretende ser un equipo capaz de controlar los partidos a través de la pelota; para ello necesita que sus pérdidas estén mejor protegidas y que la distancia entre líneas no ofrezca transiciones tan limpias.

La acción también mostró que el problema no pertenece exclusivamente a la última línea. Aunque la defensa puede corregir una situación de inferioridad, la prevención empieza en la toma de decisiones del centro del campo y en la colocación de los laterales y centrales cuando el equipo ataca. La salida de balón necesita apoyos cercanos y una vigilancia clara sobre los receptores rivales. Si la pérdida se produce sin coberturas, la calidad individual de los defensores queda expuesta a carreras en campo abierto, precisamente el escenario en el que Maina pudo marcar.

El empate de la Real llegó por una circunstancia favorable: Lochoshvili introdujo el balón en su propia portería al intentar despejar una aproximación visitante. El tanto cambió el ritmo del partido y permitió al conjunto guipuzcoano liberarse del dominio inicial del Colonia. Sin embargo, la reacción no terminó de consolidarse. El equipo tuvo fases de mayor control, pero siguió dependiendo de acciones aisladas y no alcanzó una continuidad ofensiva capaz de someter al rival durante periodos prolongados.

El segundo gol alemán volvió a revelar una deficiencia de vigilancia. Yacobi se adelantó a Sergio Gómez para cabecear un centro que superó a Remiro, quien calculó mal la trayectoria. La jugada concentra varios factores: la calidad del envío, la falta de anticipación del defensor y una lectura mejorable del portero. No sería riguroso cargar la derrota sobre un solo futbolista, pero sí reconocer que los dos goles encajados nacieron de errores evitables. En partidos oficiales, especialmente ante rivales que presionan y atacan con velocidad, una desconexión puede decidir el resultado.

El regreso de Kubo cambia las alternativas

La entrada de Kubo al cumplirse una hora aportó un cambio inmediato en la percepción del partido. El japonés no tuvo tiempo ni contexto para transformar el marcador, pero su presencia modificó la relación de fuerzas en el costado. La Real ganó una opción de desborde y una vía para avanzar sin depender exclusivamente de combinaciones interiores. Ese tipo de recurso es especialmente valioso cuando el adversario repliega y obliga a circular el balón lejos del área.

El regreso de Kubo también tiene una dimensión estratégica. Durante la temporada, los rivales tratarán de cerrar sus recepciones y dirigirle hacia zonas menos peligrosas. La respuesta no puede consistir en esperar que resuelva cada ataque de forma individual. Su influencia será mayor si Oyarzabal, Guedes, Barrenetxea y los centrocampistas ocupan espacios que impidan al rival concentrar tres defensores sobre él. La recuperación de los ausentes no solo suma nombres: permite crear amenazas simultáneas y hace más difícil preparar planes defensivos específicos contra la Real.

En ese sentido, el amistoso ofrece una advertencia útil para el cuerpo técnico. La plantilla necesita mecanismos alternativos para los días en que el extremo japonés no encuentre espacios. El balón parado de Soler puede convertirse en una herramienta importante, pero no debe ser la única fuente de peligro. El equipo requiere más llegadas de segunda línea, mayor presencia en el área y una circulación que acelere cuando encuentre al rival desorganizado. La mejora no dependerá exclusivamente de la llegada de nuevos fichajes, sino de que las piezas existentes desarrollen conexiones más estables.

La defensa, el primer examen del proyecto

Matarazzo aprovechó el encuentro para observar a futbolistas con funciones distintas, pero la competencia por los puestos defensivos será uno de los asuntos centrales de la preparación. Remiro mantiene un papel decisivo en la organización desde atrás, mientras la pareja de centrales y la posición de los laterales deben ofrecer mayor coordinación. Una defensa que pretende adelantar metros necesita que sus componentes compartan referencias precisas: cuándo saltar a la presión, quién cubre la espalda y cómo se protege el espacio entre central y lateral.

La Real ha construido en los últimos años buena parte de su identidad sobre el orden, la presión y la capacidad de recuperar rápido tras pérdida. Cuando ese engranaje funciona, el equipo reduce el número de ataques que recibe y puede instalarse cerca del área rival. Cuando falla, la presión se convierte en una invitación a correr y el bloque queda expuesto. El duelo contra el Colonia, que pudo ampliar su ventaja con un disparo de Heskey que se marchó por centímetros, evidenció que el margen de corrección todavía es amplio.

Las estadísticas de un amistoso no deben convertirse en una sentencia, pero sí pueden orientar el trabajo. Encajar pronto obliga a modificar el plan, gastar más energía y conceder al adversario confianza. En cambio, una salida sólida permite que los centrocampistas reciban en mejores condiciones y que los atacantes jueguen más cerca del área. La defensa, por tanto, no es un compartimento separado del ataque: su fiabilidad condiciona la calidad de todas las fases posteriores.

Más que un resultado de verano

El impacto inmediato de esta derrota es limitado, aunque no irrelevante. Un equipo que acumula resultados adversos durante la preparación puede perder certezas y acelerar decisiones de mercado o de alineación que todavía no estaban maduras. Al mismo tiempo, un buen cuerpo técnico puede utilizar estos partidos para detectar fallos sin el coste clasificatorio de una jornada oficial. La clave estará en distinguir entre errores propios de una plantilla en formación y comportamientos que se repiten incluso cuando regresen los titulares.

Para la dirección deportiva, el encuentro refuerza la necesidad de valorar el equilibrio de la plantilla. Si llegan nuevos fichajes, no bastará con añadir talento ofensivo. La Real tendrá que determinar si necesita más capacidad para defender transiciones, un centrocampista que asegure la salida bajo presión o un jugador que aumente la amenaza en el área. Los mercados suelen premiar la contratación de nombres visibles, pero el rendimiento colectivo mejora cuando las incorporaciones resuelven carencias estructurales. El caso de este partido apunta precisamente a esa discusión.

También existe una lectura relacionada con la exigencia competitiva del fútbol actual. La diferencia entre ganar y perder puede quedar reducida a una pérdida mal protegida o a un centro defendido con retraso. Los equipos que aspiran a clasificarse para competiciones europeas no pueden regalar esas acciones, incluso cuando dominan amplias fases del juego. La Real ha demostrado en temporadas recientes que puede competir con una identidad reconocible, pero mantener ese nivel exige renovar los automatismos cada verano y adaptar la plantilla a los cambios del calendario.

El margen que queda hasta el estreno oficial

La derrota ante el Colonia no define a la Real Sociedad, pero sí establece una agenda concreta para las próximas semanas. El equipo debe mejorar la protección tras pérdida, afinar la defensa de los centros y aumentar la continuidad de sus ataques. La vuelta de Kubo y la incorporación de Oyarzabal, Guedes y los futuros refuerzos pueden elevar el techo ofensivo, aunque también harán más importante coordinar los esfuerzos de presión y las coberturas.

El valor de la pretemporada aparecerá cuando estas conclusiones se traduzcan en decisiones. Si los errores defensivos sirven para ajustar responsabilidades y el regreso de los ausentes permite multiplicar las soluciones, el 2-1 quedará como una advertencia útil dentro del proceso. Si, por el contrario, la plantilla vuelve a conceder goles por pérdidas evitables y desajustes en el área, el problema dejará de ser coyuntural. La Real todavía dispone de tiempo para corregir, pero el amistoso en Colonia ha señalado con claridad dónde tendrá que concentrarse el trabajo.

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