InicioDeportesFútbolLa resurrección de Mariano

La resurrección de Mariano

Fecha:

Artículos relacionados

El oro de 2006 dejó una herencia decisiva, pero también una exigencia nueva para el baloncesto español

Veinte años después, el Mundial conquistado por España en Saitama sigue siendo mucho más que el primer gran título de la selección abso

Ter Stegen convierte la ausencia de su padre en una lección sobre la familia

Marc-André ter Stegen ha explicado que su padre abandonó a la familia cuando él tenía diez años y que nunca volvió a verlo. E

El récord de Flick redefine el debate sobre el nuevo modelo competitivo del Barcelona

El Barcelona de Hansi Flick ha convertido las cuatro primeras jornadas de LaLiga en una declaración de intenciones. Cuatro victorias, 17

Leclerc queda pendiente de autorización médica tras su accidente en Monza antes del estreno del Madring

Ferrari mantiene todas sus previsiones abiertas sobre la participación de Charles Leclerc en el regreso de la Fórmula 1 a

Una pancarta sobre Ceuta y Melilla reabre el debate político en un estadio de Fez

Los aficionados del Magreb de Fez, conocido como MAS Fez, exhibieron este domingo una gran pancarta con el lema «Ceuta y Melilla,

Mariano Díaz ha vuelto a ocupar un primer plano en el arranque de la Liga 2026-2027 con una actuación que trasciende el marcador. Su gol y sus dos asistencias ante el Getafe no solo resolvieron un partido trabado, también reabrieron una pregunta que lo ha acompañado desde hace años: cómo interpretar la carrera de un delantero cuyo talento nunca estuvo en duda, pero cuya continuidad quedó atrapada entre lesiones, cambios de contexto y decisiones de club. A sus 33 años, su caso ya no se lee como el de una promesa frustrada, sino como el de un futbolista que ha sobrevivido a varios intentos de desaparición profesional.

Su impacto inmediato con el Alavés tiene una clave evidente: llega después de una pretemporada que convenció al cuerpo técnico y a la dirección deportiva de concederle otra oportunidad. Ese detalle importa más de lo que parece. En un mercado cada vez más guiado por la estadística y la disponibilidad física, un atacante con historial irregular suele ser descartado con rapidez. Sin embargo, el club ha apostado por una lógica distinta: asumir un riesgo controlado a cambio de un posible rendimiento diferencial. El partido ante el Getafe mostró la cara más rentable de esa decisión. Mariano entró desde el banquillo y cambió por completo la estructura ofensiva de un equipo que no encontraba grietas en un rival en inferioridad numérica.

De La Fábrica al peso del siete

La trayectoria de Mariano ayuda a entender por qué su resurrección genera tanto eco. Formado en la cantera del Real Madrid desde 2011, pasó por Juvenil A y Castilla hasta ganarse un sitio en el primer equipo en 2017, en una plantilla donde ser útil ya era un mérito enorme. Zidane lo utilizó como revulsivo y él respondió dentro de una estructura que premiaba la pegada más que la acumulación de minutos. Aquella etapa culminó con Liga y Copa de Europa, el tipo de temporada que en el Madrid convierte a un atacante en un activo codiciado. Su fichaje por el Lyon fue la consecuencia lógica: necesitaba continuidad, y el club francés le ofrecía un escenario para crecer fuera del ruido de Chamartín.

En Lyon alcanzó su versión más productiva, con 21 goles en una campaña que obligó al Madrid a recomprarlo. El retorno, por unos 22 millones tras salir por una cifra cercana a los ocho, coincidió con la marcha de Cristiano Ronaldo a la Juventus. Ahí comenzó el tramo más difícil de su carrera, porque no heredó solo un dorsal. Heredó un símbolo. El siete en el Real Madrid no es un número cualquiera; arrastra una exigencia histórica que ha servido para consagrar o desgastar a sus portadores. Mariano lo recibió en una etapa en la que el club necesitaba una transición elegante y encontró, en cambio, un delantero condicionado por el peso de la comparación y por sus propios problemas físicos.

Lesiones, mercado y paciencia

Su declive posterior no puede explicarse solo por la falta de continuidad deportiva. La operación de amigdalitis, la pérdida de peso, la acumulación de lesiones y la dificultad para encontrar una salida ordenada fueron erosionando su valor de mercado. Cuando un futbolista encadena interrupciones médicas, la desconfianza deja de ser solo médica y se vuelve contractual: los clubes reducen ofertas, el jugador resiste para no romper su vínculo y el tiempo termina jugando en contra de ambas partes. El Madrid lo comprobó tarde, pero lo suficiente como para entender que ya no encajaba en el proyecto. Su salida libre en 2023 cerró una etapa que había empezado con expectativas muy altas y acabó en una relación de desgaste mutuo.

El paso por el Sevilla, con trece partidos y ningún gol, confirmó que el problema no era una única mala temporada sino una pérdida de continuidad competitiva. Por eso su llegada al Alavés tenía algo de prueba final. El club no solo evaluaba su jerarquía, sino su respuesta física y mental a un entorno menos exigente que el de un gigante, pero igualmente implacable con quien no produce. La temporada pasada ya dejó señales de que todavía podía sumar; esta, de momento, demuestra que puede decidir. Ese matiz es importante para el análisis de fondo: el valor de Mariano ya no reside en sostener un curso completo como referencia, sino en demostrar que aún puede ofrecer picos de rendimiento útiles para un modelo de equipo que necesita soluciones puntuales.

Lo que cambia para el Alavés y para el mercado

Para el Alavés, la noche de Mariano puede tener un efecto inmediato en dos planos. En el deportivo, le concede una vía ofensiva que no depende solo de la elaboración ni de la continuidad de un único delantero titular. En el institucional, valida una política de fichajes que busca rendimiento a coste contenido, aceptando que algunos perfiles llegan con riesgo físico o reputacional. Ese modelo se ha vuelto común en clubes de media tabla o de lucha por la permanencia: no compiten en salario ni en proyección, pero sí pueden encontrar valor en jugadores que todavía conservan recursos técnicos y hambre competitiva. Cuando funciona, la operación es rentable; cuando falla, apenas deja tiempo para corregir.

El caso también ofrece una lectura más amplia sobre cómo se administra hoy la carrera de un futbolista veterano. Las ligas de máximo nivel penalizan cada vez más la fragilidad física, pero no siempre premian de forma justa la experiencia o la capacidad de decidir partidos cerrados. Mariano encarna esa tensión. No es un delantero para construir un proyecto largo, pero sí para alterar partidos y aportar una amenaza específica. En un fútbol donde los márgenes entre triunfo y frustración son mínimos, ese tipo de perfiles siguen teniendo valor, siempre que el entorno acepte su irregularidad. Su última actuación no borra los años perdidos, pero recuerda algo que el mercado suele olvidar con demasiada rapidez: un jugador no desaparece del todo mientras conserve capacidad para influir cuando el partido se atasca.

La duda, ahora, es si esta reaparición será un episodio aislado o el inicio de una etapa más estable. A los 33 años, el margen para reinventarse ya no es amplio, pero tampoco inexistente. Si logra encadenar minutos, goles y salud, su historia pasará de ser la de un exmadridista marcado por las lesiones a la de un delantero que encontró tarde un lugar más acorde con su estado real. Si vuelve a romperse, la noche ante el Getafe quedará como otra de esas resurrecciones breves que explican, mejor que cualquier expediente, la fragilidad de una carrera profesional en el fútbol de élite.

Últimas noticias