La selección española de fútbol-5 para ciegos afronta en Estrasburgo, del 17 al 24 de agosto, el desafío de regresar a la primera línea continental. Tras terminar novena en el Europeo de Pescara 2022 y quedar fuera de los Juegos de París, España vuelve a competir entre las ocho mejores después de conquistar el Campeonato de Europa B el año pasado.
El equipo se prepara en el CAR de Madrid bajo una exigencia singular: el silencio es esencial para escuchar el balón, equipado con cascabeles, y las indicaciones del portero, el seleccionador y el guía ofensivo. La comunicación se divide por zonas del campo, mientras las vallas laterales permiten orientarse y reducen el riesgo de golpes.

Un torneo que decide el futuro
España estará en el Grupo B junto a Turquía, Italia y Rumanía; Grecia, Alemania, Francia e Inglaterra forman el otro grupo. Los dos primeros de cada serie pasarán a semifinales, en una competición especialmente exigente porque los tres medallistas obtendrán plaza para el Mundial de 2027, que a su vez repartirá los billetes para los Juegos Paralímpicos de 2028.
El seleccionador Julián Martín combina veteranos con jóvenes como Unait Sánchez, de 19 años, en un proceso de regeneración que busca recuperar la identidad de una selección con dos bronces paralímpicos, cuatro medallas mundiales y doce europeas. Adolfo Acosta, capitán desde su debut en 2001, representa el vínculo con esa etapa dorada.
El reto no será menor: España pierde a Antonio Martín Gaitán ‘Niño’, máximo goleador, y a Sergio Alamar, elegido MVP del último campeonato. Aun así, el grupo fija una meta concreta: acabar entre los tres primeros y asegurar el Mundial. Álvaro Gómez resume la estrategia: la clasificación es el objetivo inmediato, pero una vez iniciado el torneo, la aspiración debe ser competir por el oro.
