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La Segoviana y el coste de un calendario inestable

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La Gimnástica Segoviana tendrá que incorporar Canarias a su hoja de ruta antes de que haya comenzado la competición. El Atlético Paso, club palmero, ocupará finalmente la plaza que dejó el Calamocha en el grupo V de Segunda Federación, después de una nueva redistribución decidida por la Real Federación Española de Fútbol. El cambio altera la jornada decimocuarta: el conjunto azulgrana viajará a La Palma el 6 de diciembre y recibirá al equipo canario el 21 de febrero. Es una modificación concreta, aparentemente menor en una categoría de 34 jornadas, pero resume un problema estructural del fútbol no profesional: la planificación deportiva queda expuesta hasta el último momento a decisiones administrativas, descensos por impagos, recursos y ajustes geográficos.

La noticia no consiste únicamente en que Segovia pierde un desplazamiento a Teruel y gana otro a Canarias. Cambia la lógica de una temporada construida con presupuestos ajustados, calendarios de trabajo limitados y plantillas que no disponen de las mismas herramientas que los clubes del fútbol profesional. Para una entidad de Segunda Federación, un viaje aéreo implica reservar con anticipación, coordinar conexiones, alojamiento, traslados internos y horarios de recuperación. Cuando la confirmación llega a pocas semanas del inicio, la capacidad para contener el gasto se reduce y la incertidumbre recae sobre áreas que rara vez ocupan el foco deportivo: administración, logística, cuerpos médicos, familias de futbolistas y seguidores.

Una categoría modificada por sus propias grietas

La composición de los grupos ya había sufrido un primer ajuste tras los descensos administrativos del CD Arenteiro y la SD Tarazona por impagos. La desaparición del club aragonés y la pérdida de categoría de los gallegos obligaron a cubrir vacantes con el Real Madrid C y el Castellón B. Después, el Atlético Astorga logró un intercambio con el segundo filial madridista para regresar al grupo que consideraba más coherente con su entorno competitivo. Aquella secuencia evidenció que la clasificación deportiva no es el único factor que determina dónde juega un club: la viabilidad económica y las resoluciones federativas pueden reordenar el mapa cuando la temporada ya está diseñada.

El caso que desencadenó el último movimiento es todavía más revelador. La denegación de la inscripción del Unión Malacitano en Segunda Federación, confirmada por el Comité Nacional de Segunda Instancia, frustró el traslado de la plaza de La Unión Atlético, club murciano, a una entidad andaluza. La federación entendió que se trataba de clubes distintos y que, por tanto, no procedía transmitir la licencia. El Salerm Puente Genil recibió la plaza, pero su entrada abrió una discusión geográfica: su presencia en un grupo inicialmente previsto para valencianos, murcianos y baleares resultaba difícil de justificar para varios implicados.

La solución aprobada persigue reducir distancias para Calamocha, Castellón B y Puente Genil. El club turolense pasa al grupo II, el filial castellonense se desplaza al III y los cordobeses quedan en el IV, con rivales andaluces, extremeños y canarios. Para cerrar el círculo, el Atlético Paso abandona ese grupo y entra en el de la Segoviana. Es un efecto dominó en el que cada traslado mejora la proximidad de tres clubes peninsulares, pero concentra el coste adicional en el representante de La Palma. La federación ha priorizado la conectividad aérea con Madrid como argumento para elegir al Atlético Paso, una decisión práctica que no elimina el componente desigual de competir desde una isla.

La geografía como factor competitivo

La organización por grupos en Segunda Federación no es una cuestión estética ni un simple reparto territorial. En una categoría semiprofesional, los kilómetros afectan al rendimiento y a la igualdad de condiciones. Un equipo que necesita un vuelo, una escala o una noche extra de hotel no afronta la semana de la misma manera que otro que realiza un trayecto por carretera. El Atlético Paso conoce esa realidad mejor que nadie: su condición insular le obliga cada curso a convivir con desplazamientos complejos. Sin embargo, su traslado al grupo V lo separa de tres rivales canarios y le añade una relación competitiva más intensa con Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha.

Las estimaciones difundidas tras el cambio ofrecen una medida precisa de la dimensión económica. El Calamocha reducirá unos 500 kilómetros de viaje durante la temporada; Castellón B y Salerm Puente Genil rebajarán aproximadamente 5.960 y 8.194 kilómetros, respectivamente. El Atlético Paso será el único perjudicado en distancia total. La federación sostiene que los enlaces con Madrid reducen el impacto logístico, pero distancia y logística no son conceptos idénticos. Un vuelo directo puede ser razonable en duración, aunque obliga a anticipar compras, depender de frecuencias y asumir una exposición mayor a incidencias meteorológicas o de transporte que un desplazamiento terrestre ordinario.

Para la Segoviana, el cambio introduce una exigencia adicional sin convertirla necesariamente en una desventaja decisiva. El viaje a La Palma tendrá lugar en diciembre, un periodo en el que las condiciones meteorológicas y la acumulación de partidos pueden complicar la preparación. La experiencia demuestra que las islas no son un mero destino lejano. Los equipos visitantes deben adaptarse a una rutina distinta, desde el desplazamiento previo hasta la recuperación posterior, y esa alteración puede influir en una plantilla corta. La planificación de cargas físicas, especialmente para futbolistas que compatibilizan el deporte con empleo o estudios, deberá ajustarse a una semana que ya no será convencional.

El precedente que deja La Palma

El emparejamiento también tiene memoria competitiva. El Atlético Paso fue el rival que frustró el ascenso azulgrana en la penúltima jornada de hace dos temporadas, aunque el último enfrentamiento terminó con un resultado favorable para la Gimnástica. Esa referencia añade interés deportivo, pero sobre todo recuerda que cada punto en esta categoría tiene un valor elevado. Los grupos de Segunda Federación suelen decidir ascensos, promociones y descensos por márgenes estrechos. Una alteración del calendario no determina por sí sola una clasificación, pero puede condicionar la preparación de partidos clave, la administración de lesiones y el margen para reaccionar ante resultados adversos.

El Numancia ilustra el efecto más inmediato de una resolución tardía. El club soriano debía debutar en Calamocha y ahora tendrá que organizar con urgencia un viaje a La Palma. La diferencia no es solo presupuestaria: cambia el medio de transporte, el horario de salida, la necesidad de pernoctar y la programación de la primera semana competitiva. En categorías superiores, esas variaciones suelen absorberse con departamentos específicos y contratos de viaje. En Segunda Federación, incluso entidades históricas deben manejar el equilibrio entre ambición deportiva y recursos limitados. Para clubes más modestos, cualquier gasto no previsto puede acabar reduciendo el margen destinado a plantilla, cantera o instalaciones.

Una carga que también llega a la grada

La afición segoviana pierde uno de los desplazamientos más accesibles sobre el papel, el de Teruel, y gana uno de los más costosos y difíciles de organizar: La Palma. El fútbol de categorías no profesionales se sostiene en buena parte por la cercanía. Los seguidores viajan en autobús, convierten los partidos en encuentros entre localidades y sostienen una red de ingresos indirectos para bares, comercios y clubes anfitriones. Sustituir un trayecto peninsular por un desplazamiento insular no elimina el interés, pero modifica quién puede acompañar al equipo. El viaje deja de ser una actividad colectiva relativamente asequible y pasa a depender de disponibilidad económica, conexiones aéreas y tiempo libre.

Esta consecuencia tiene una dimensión menos visible. La identidad de los grupos territoriales se construye con rivalidades reconocibles, recorridos repetidos y una relación constante entre aficiones. La inclusión de un club canario puede enriquecer la competición y ampliar su alcance, pero también debilita parte de esa proximidad que explica el arraigo de Segunda Federación. La cuestión no es excluir a los equipos insulares, sino reconocer que el modelo actual distribuye de manera imperfecta el coste de la distancia. El ahorro de varios participantes se produce porque otro club acepta una carga mayor, aunque la alternativa geográfica tampoco sería sencilla para las entidades canarias.

La necesidad de decisiones más tempranas

El fondo del episodio no es la conveniencia deportiva de que Calamocha, Castellón B y Puente Genil jueguen con adversarios más próximos. Esa lógica resulta defendible y las cifras de kilometraje la respaldan. El problema reside en el calendario institucional. Los grupos originales se fijaron el 24 de junio, pero las modificaciones se han prolongado hasta la antesala del campeonato. Cada resolución posterior puede ser jurídicamente correcta, pero el sistema necesita prever mejor sus consecuencias sobre inscripciones, vacantes, recursos y distribución territorial. La certidumbre debe ser tratada como un recurso competitivo, no como una cuestión administrativa secundaria.

La RFEF dispone ahora de un caso concreto para revisar procedimientos. Sería razonable establecer plazos más estrictos para validar licencias y controlar la solvencia económica antes del reparto de grupos, así como publicar criterios transparentes para cubrir vacantes y compensar desequilibrios de viaje. La desaparición de la SD Tarazona, los impagos del Arenteiro y el conflicto sobre la plaza del Unión Malacitano muestran que no se trata de incidencias aisladas. Son señales de una competición en la que los proyectos deportivos conviven con fragilidades financieras y marcos administrativos complejos.

La Segoviana afrontará el cambio con la obligación de adaptarse, como harán Numancia y el resto de clubes del grupo V. Su presidente, Agustín Cuenca, había defendido mantener la solvencia y el equilibrio cuando la modificación era todavía un rumor. La resolución confirma que ese equilibrio no depende únicamente de los resultados sobre el césped. Depende también de que las reglas se apliquen con tiempo suficiente para que todos puedan organizarse. El viaje a Canarias será un partido más en el calendario, pero el proceso que lo ha provocado deja una lección más amplia: en el fútbol no profesional, la estabilidad administrativa es parte esencial de la igualdad competitiva.

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