La UEFA ha comunicado a las asociaciones nacionales y a los clubes europeos dos cambios normativos que se aplicarán desde la nueva temporada en la Champions League, la Europa League y la Conference League. Las modificaciones afectan al régimen de acumulación de tarjetas amarillas y a la información que pueden ofrecer los relojes de los estadios durante los partidos. La primera medida altera directamente el momento en que jugadores y miembros de los cuerpos técnicos quedan suspendidos; la segunda adapta la normativa audiovisual y operativa a la evolución tecnológica de los últimos años.
El nuevo umbral pasa de tres a cuatro tarjetas
Hasta ahora, el reglamento establecía que, desde el comienzo de la fase de grupos o de liga, un jugador o integrante del cuerpo técnico debía cumplir un partido de sanción después de recibir tres tarjetas amarillas que no hubieran desembocado en una expulsión. A partir de ese primer castigo, las suspensiones se activaban tras cada tarjeta impar posterior: la quinta, la séptima, la novena y así sucesivamente.
La UEFA ha decidido elevar ese primer umbral a cuatro amonestaciones. Por tanto, en las competiciones afectadas, la primera suspensión por acumulación se producirá después de la cuarta tarjeta amarilla, siempre que ninguna de las anteriores haya dado lugar a una tarjeta roja. Las sanciones posteriores se activarán después de dos tarjetas adicionales, de modo que los siguientes puntos de corte serán la sexta, la octava, la décima y las que correspondan en adelante.
El nuevo artículo 63.2 de los reglamentos de la Champions League, la Europa League y la Conference League señala que, desde el primer partido de la fase de liga, los jugadores y los miembros del cuerpo técnico quedarán suspendidos para el siguiente encuentro de la competición tras recibir cuatro amarillas sin expulsión, así como después de cualquier amonestación posterior cuyo número sea par, como la sexta o la octava.

La reforma responde al cambio de formato
La decisión está vinculada al nuevo diseño de las competiciones europeas. La temporada pasada, la fase de grupos fue sustituida por una fase de liga en la Champions League y en la Europa League. En ambas, cada equipo pasó de disputar seis partidos a jugar ocho en esa primera etapa. El aumento del número de encuentros modificó la relación entre partidos y amonestaciones que había servido de referencia para el sistema anterior.
Con más jornadas dentro de la misma fase, mantener el límite inicial de tres amarillas podía incrementar proporcionalmente las posibilidades de que un futbolista fuera sancionado por acumulación antes de completar su recorrido en la competición. La UEFA considera que el ajuste permite acompasar el mecanismo disciplinario a la nueva estructura, sin eliminar la vigilancia sobre la reiteración de infracciones. El cambio no afecta a las expulsiones directas ni a las sanciones derivadas de una segunda tarjeta amarilla en un mismo encuentro, que responden a procedimientos distintos.
La medida también se aplicará a la Conference League, aunque su fase de liga mantiene seis partidos por equipo. La UEFA justifica la extensión de la regla por la movilidad de los jugadores durante el mercado de fichajes de febrero. Un futbolista puede cambiar de club y pasar a competir en otra de las tres competiciones, por lo que un tratamiento diferente podría generar desajustes en el traslado o la interpretación de su historial disciplinario. La unificación busca que el criterio sea reconocible con independencia del torneo en el que participe el nuevo equipo.
Una regla común para las tres competiciones
El alcance práctico de la modificación se verá especialmente en las últimas jornadas de las fases de liga, cuando las tarjetas acumuladas pueden influir en la disponibilidad de futbolistas para partidos decisivos. Los clubes deberán actualizar sus controles internos y sus previsiones deportivas, mientras que los organismos disciplinarios aplicarán el nuevo umbral desde el primer encuentro de esta etapa. La referencia temporal no es el inicio de la temporada en abstracto, sino el comienzo de la fase de liga de cada competición.
La reforma no supone una amnistía para las tarjetas recibidas con anterioridad en fases previas ni una cancelación general de los antecedentes disciplinarios. Su efecto consiste en modificar el número de amonestaciones necesario para activar la suspensión y la secuencia de las acumulaciones posteriores dentro del marco definido por el reglamento. La gestión concreta de los expedientes seguirá dependiendo de las disposiciones disciplinarias de la UEFA y de las circunstancias de cada caso.
Los estadios podrán mostrar el tiempo añadido
La segunda modificación afecta a los relojes instalados en los estadios. Hasta ahora, los organizadores no podían mostrar el tiempo jugado una vez alcanzado el final del tiempo reglamentario de cada parte. El reloj debía detenerse tras los 45 y los 90 minutos, y también después de los 105 y los 120 minutos cuando hubiera prórroga. Esa disposición procedía de una etapa en la que el seguimiento en tiempo real dentro del estadio era más limitado y el uso de imágenes en las zonas técnicas próximas al terreno de juego estaba restringido.
El nuevo marco permite utilizar los relojes para indicar tanto el tiempo jugado como el tiempo restante. La UEFA entiende que los avances tecnológicos y los cambios normativos han dejado obsoleta la prohibición anterior. Los espectadores pueden seguir actualmente la evolución del partido a través de dispositivos móviles y de los sistemas de información del estadio, mientras que el acceso de los equipos técnicos a datos e imágenes se rige por reglas más amplias que en el pasado.
La autorización, sin embargo, no permite presentar el tiempo añadido como una continuación indefinida del cronómetro. El reglamento dispone que el añadido de cada mitad debe indicarse en minutos adicionales: 45 más el tiempo agregado, o 90 más el correspondiente en la segunda parte. En una prórroga, la referencia será 105 más el añadido del primer periodo y 120 más el del segundo. De esta manera, el público podrá conocer que el partido ha entrado en el tiempo suplementario sin confundir esa información con una duración reglamentaria distinta.
Las dos reformas reflejan una misma intención de la UEFA: ajustar reglas concebidas para un modelo anterior a la estructura competitiva y a las condiciones actuales de seguimiento de los partidos. El nuevo ciclo de amarillas busca equilibrar la disciplina con el incremento de encuentros en la fase de liga, mientras que la norma de los relojes actualiza la forma de comunicar el tiempo de juego. Ambas disposiciones deberán ser aplicadas por los clubes y organizadores desde el inicio de la nueva temporada europea.
