La visita de Blaise Matuidi a Costa Rica representa mucho más que las vacaciones de una celebridad deportiva. El exfutbolista francés, campeón del mundo en 2018, compartió fotografías junto a su esposa mientras recorría cataratas, senderos cercanos a volcanes y espacios donde observaron monos, serpientes y ranas. La publicación, acompañada por la frase “perdidos en el lugar perfecto”, expuso ante millones de seguidores una imagen favorable del país como destino de naturaleza, aventura y descanso.
Este tipo de exposición puede tener un valor considerable para la industria turística costarricense. Matuidi cuenta con más de cinco millones de seguidores en distintas plataformas y su reconocimiento trasciende el fútbol francés. La asociación entre su prestigio personal y los paisajes nacionales puede despertar interés en viajeros que no habían considerado Costa Rica, especialmente en mercados europeos, africanos y francófonos. Sin embargo, el alcance potencial de esta promoción no debe confundirse con una garantía de aumento sostenido en las llegadas de turistas.
Una publicación personal tiene la capacidad de generar conversación, búsquedas y recomendaciones espontáneas, pero su impacto depende de factores que el país no controla por completo: el algoritmo de cada red social, la duración de la atención del público, la disponibilidad de vuelos, los precios y la percepción de seguridad. La oportunidad existe, aunque convertir la visibilidad digital en actividad económica requiere una estrategia coordinada y una oferta capaz de responder a la demanda sin deteriorar los mismos recursos que se promocionan.

Una vitrina global para la biodiversidad
La principal ganancia inmediata es reputacional. Costa Rica ha construido durante décadas una marca turística vinculada con parques nacionales, volcanes, bosques tropicales y prácticas de conservación. La experiencia mostrada por Matuidi refuerza ese posicionamiento sin recurrir a una campaña publicitaria tradicional y presenta el territorio desde una perspectiva vivencial: una pareja que explora, observa fauna y disfruta del entorno.
El contenido generado por una figura conocida también puede resultar más convincente que un anuncio institucional. Los usuarios suelen percibir las publicaciones personales como testimonios menos formales y, por ello, potencialmente más auténticos. Si las imágenes son compartidas por medios, agencias o seguidores, el país puede obtener una circulación adicional sin asumir el mismo costo de una campaña internacional. Hoteles, operadores de tours, comunidades y negocios gastronómicos podrían beneficiarse si logran vincular la atención generada con experiencias concretas y reservas verificables.
El efecto no se limitaría a los grandes centros turísticos. Una ruta que incluya cataratas, observación de fauna y volcanes puede distribuir la atención entre distintos territorios, siempre que la información publicada permita identificar los lugares visitados. Las empresas locales tendrían una oportunidad para ofrecer servicios de guianza, transporte, alimentación y hospedaje. En zonas rurales, ese gasto puede fortalecer empleos y encadenamientos productivos con mayor rapidez que otros sectores económicos.
No obstante, la relación entre fama y desarrollo local no es automática. Si el interés se concentra únicamente en unos cuantos sitios reconocidos o en establecimientos de mayor capacidad, las comunidades cercanas podrían recibir una parte limitada de los ingresos. La promoción internacional tendría que acompañarse de información clara sobre proveedores formales, rutas menos saturadas y normas de visita. De lo contrario, el impacto puede quedarse en el plano de la imagen mientras los costos ambientales y operativos recaen sobre los destinos.
El riesgo de vender una experiencia sin límites
La popularidad de una publicación puede aumentar la presión sobre ecosistemas frágiles. Cataratas, senderos volcánicos y áreas de observación de fauna no tienen capacidad infinita. Un crecimiento acelerado de visitantes puede producir erosión, acumulación de residuos, perturbación de animales, congestión vial y mayores necesidades de agua y energía. En los lugares donde la infraestructura ya opera cerca de su límite, una campaña viral podría convertir una ventaja promocional en un problema de gestión.
La observación de monos, serpientes y ranas también exige una comunicación responsable. Las fotografías pueden inspirar respeto por la biodiversidad, pero algunas personas podrían interpretar la cercanía con los animales como una invitación a tocarlos, alimentarlos o buscar encuentros fuera de las zonas autorizadas. Esa conducta aumenta el riesgo de mordeduras, transmisión de enfermedades y alteraciones en los patrones naturales de la fauna. La promoción turística debería enfatizar que contemplar la naturaleza implica mantener distancia y seguir las indicaciones de los guías y administradores.
Otro desafío es la expectativa creada por las redes sociales. Las imágenes suelen mostrar paisajes despejados, clima favorable y momentos excepcionales, mientras omiten traslados largos, temporadas lluviosas, costos, restricciones de acceso o diferencias entre una visita privada y la experiencia de un viajero promedio. Si los turistas llegan esperando reproducir exactamente una escena publicada y encuentran saturación, cierres temporales o condiciones climáticas distintas, puede surgir frustración y afectar la percepción del destino.
La seguridad merece una consideración específica. Senderos próximos a volcanes, cataratas y ríos pueden presentar superficies resbaladizas, cambios bruscos del tiempo, corrientes peligrosas y zonas con cobertura telefónica limitada. Una celebridad que comparte imágenes de aventura puede motivar a visitantes sin experiencia a asumir riesgos similares. La responsabilidad corresponde tanto a los viajeros como a los operadores, pero las autoridades y empresas deben asegurarse de que la información sobre dificultad, señalización, seguros, guías y protocolos de emergencia sea accesible y no quede subordinada al atractivo visual.
De la atención digital a una estrategia verificable
Las instituciones turísticas pueden aprovechar la conversación sin convertir una visita individual en una promesa exagerada. El primer paso consiste en identificar, con autorización y precisión, los sitios mostrados, los servicios utilizados y las condiciones reales de acceso. Esa información permitiría diseñar contenidos complementarios en varios idiomas, orientar a los potenciales viajeros hacia operadores formales y evitar que la audiencia reciba únicamente una imagen idealizada del país.
También sería conveniente medir los resultados con indicadores concretos. El número de reproducciones o comentarios revela alcance, pero no necesariamente impacto económico. Las autoridades podrían observar búsquedas relacionadas con Costa Rica, solicitudes de información, reservas en determinadas regiones, duración de la estadía y distribución del gasto. Comparar esos datos con periodos anteriores ayudaría a determinar si la publicación produjo un efecto temporal o si contribuyó a una tendencia más estable.
La colaboración con el sector privado debe mantener una línea clara entre recomendación auténtica y publicidad encubierta. Si hoteles, agencias o instituciones utilizan las imágenes del exjugador, necesitarían contar con los permisos correspondientes y explicar cuando exista una relación comercial. La credibilidad de este tipo de contenido es uno de sus principales activos; una explotación excesivamente promocional podría reducirla y generar críticas entre los seguidores.
La planificación ambiental debe avanzar al mismo ritmo que la promoción. Los administradores de áreas protegidas necesitan disponer de sistemas de reserva, límites de visitantes, manejo de residuos, mantenimiento de senderos y protocolos para temporadas de alta demanda. En los destinos más vulnerables, una alternativa puede ser promover horarios y rutas menos concurridos en lugar de concentrar a todos los visitantes en los mismos miradores. La meta no debería ser llenar cada espacio disponible, sino aumentar el valor económico de una visita compatible con la conservación.
Una oportunidad condicionada por la confianza
El retiro definitivo de Matuidi del fútbol profesional, anunciado en diciembre de 2022, no elimina su capacidad de influencia. Su trayectoria mantiene un capital simbólico relevante y permite que el público lo perciba como una figura con intereses más amplios que la competencia deportiva. Aun así, el efecto de su visita estará condicionado por la continuidad de la conversación y por la capacidad de Costa Rica para ofrecer servicios consistentes después de la atención inicial.
La coyuntura puede favorecer a un país que busca diferenciarse en un mercado turístico competitivo. La biodiversidad, el contacto con comunidades y la posibilidad de combinar aventura con descanso son atributos difíciles de replicar, pero también exigen protección permanente. Si la experiencia de los visitantes coincide con la promesa difundida en redes sociales, la recomendación puede multiplicarse de manera orgánica. Si existe una brecha entre la imagen y la realidad, la misma audiencia digital puede amplificar las quejas con igual rapidez.
El caso muestra que la promoción turística contemporánea depende cada vez más de experiencias individuales capaces de alcanzar públicos masivos. Esa dinámica ofrece a Costa Rica una herramienta poderosa y relativamente accesible, pero obliga a gestionar con cuidado la capacidad de los destinos, la seguridad y la distribución de los beneficios. La visita de Matuidi puede convertirse en un impulso para atraer viajeros interesados en la naturaleza; su verdadero valor se medirá por la calidad, sostenibilidad y responsabilidad con que el país responda a ese interés.
