Joan Laporta ha respondido con firmeza a las declaraciones del Atlético de Madrid sobre la oferta del Barcelona por Julián Álvarez. El presidente azulgrana confirmó que la propuesta de 100 millones de euros sigue en pie, pero estableció su caducidad oficial a finales de julio. Esta fecha marca el punto final de una negociación que ambos clubes han mantenido en posiciones irreconciliables desde el inicio del verano.

La postura de Laporta no solo cierra la puerta a contraofertas superiores, sino que obliga al Atlético a decidir si retiene a un jugador que ya manifestó su deseo de marcharse. Para el Barcelona, el riesgo es perder al delantero por el que apostó sin alternativa inmediata. Julián Álvarez, por su parte, queda expuesto a un escenario de estancamiento que podría afectar su rendimiento si permanece en el Metropolitano contra su voluntad.
Escenario enquistado
La dialéctica entre Laporta y Miguel Ángel Gil Marín revela una falta de margen para el acuerdo. Ninguna de las partes muestra señales de ceder, lo que deja a Julián en una posición vulnerable. Si el órdago se mantiene hasta el plazo señalado, el argentino podría iniciar la temporada en un club del que pidió salir, mientras el Barcelona se quedaría sin el perfil ofensivo que buscaba reforzar. La situación apunta a un desenlace que perjudica a los tres actores implicados sin ofrecer vías claras de resolución antes de agosto.
