Charles Leclerc protagonizó el primer gran incidente del Gran Premio de Italia al perder el control de su Ferrari en la segunda vuelta y golpear con violencia contra las protecciones de la curva Parabólica. El impacto provocó una bandera roja temprana y dejó al monegasco visiblemente afectado al bajar del monoplaza, mientras Ferrari veía frustrada su carrera en su circuito más simbólico.

Una vuelta inicial bajo tensión
Leclerc había arrancado entre los protagonistas, aunque su carrera ya había quedado marcada por un roce con su compañero Lewis Hamilton en la primera chicana. El británico acusó al monegasco de empujarlo fuera de pista y tuvo que levantar para evitar la escapatoria, una maniobra que le costó varias posiciones. El episodio expuso la tensión de una salida exigente para Ferrari, con sus dos pilotos disputando espacio en un momento decisivo.
Al final del segundo giro, Leclerc defendía posición ante Oscar Piastri cuando sufrió un sobreviraje repentino en la rápida curva a derechas de Parabólica. No hubo contacto aparente con otro coche: el Ferrari se descontroló y fue directo al muro. La violencia del accidente obligó a interrumpir la prueba para atender al piloto y retirar el monoplaza.
Golpe deportivo y operativo para Ferrari
El abandono temprano tiene un impacto doble para la escudería: elimina una de sus opciones competitivas ante su público y condiciona la gestión de Hamilton tras el reinicio. En un circuito donde la velocidad punta y la posición en pista suelen definir gran parte del resultado, la pérdida de Leclerc antes de completar dos vueltas convierte una carrera prometedora en un operativo de contención. La evolución física del piloto y las causas exactas de la pérdida de control quedaban pendientes de confirmación oficial.
