La tercera jornada de la Liga B de traineras, que se celebra este domingo en Aguiño, se inscribe en una tradición centenaria del remo gallego que se remonta a las regatas organizadas por los pescadores del siglo XIX. Estas competiciones surgieron como prolongación de las labores cotidianas en el mar, donde las tripulaciones de las traineras medían su fuerza en travesías que servían tanto para el trabajo como para el entretenimiento local. Con el paso de las décadas, la estructura competitiva se fue formalizando hasta dar lugar a ligas autonómicas que hoy agrupan a clubes de toda la costa gallega.
El regreso del Club de Remo Náutico Ribeira a la Liga Galega de Traiñeiras tras una temporada de ausencia ilustra las dificultades estructurales que enfrentan muchos equipos pequeños. La formación de una tripulación exige compatibilizar horarios de entrenamiento con estudios universitarios o empleos fuera de la localidad, un obstáculo que se agudizó durante el invierno pasado y que obligó a los responsables del club a reconstruir el equipo desde cero.
Raíces históricas del remo federado
La evolución de estas regatas refleja cambios más amplios en la economía marítima gallega. En los años ochenta y noventa, la profesionalización de las traineras coincidió con la reconversión del sector pesquero y la necesidad de mantener viva una identidad cultural amenazada por la emigración. Clubes como Rianxo y Salgado-Perillo han mantenido una ventaja competitiva gracias a estructuras de base consolidadas y a un mayor número de remeros disponibles durante todo el año.
La participación de doscientas personas en Aguiño no es un dato aislado. Cada jornada de la Liga B moviliza recursos humanos y logísticos que, sumados a lo largo de la temporada, representan un volumen considerable de desplazamientos y pernoctaciones en municipios costeros.

Efectos sobre el turismo y la economía local
La celebración de la Bandeira de Traíñeiras en Aguiño genera un impacto inmediato en el sector de la hostelería y el comercio de proximidad. Visitantes que acuden a presenciar la regata suelen prolongar su estancia para conocer el entorno del puerto, lo que beneficia a restaurantes, alojamientos y comercios de la zona. Este patrón se repite en otras localidades que acogen pruebas de la misma liga, creando un circuito estacional que complementa la oferta turística tradicional centrada en el sol y la playa.
El edil de Deportes y la concejala de Turismo del Concello de Ribeira han subrayado precisamente este efecto dinamizador. Las regatas funcionan como escaparate de los recursos paisajísticos del municipio y contribuyen a posicionar la costa barbanzana como destino vinculado al deporte náutico. A medio plazo, esta visibilidad puede atraer patrocinios privados y colaboraciones con empresas del sector marítimo que buscan asociar su imagen a valores de esfuerzo y tradición.
Participación juvenil y cohesión social
El hecho de que muchos remeros ribeirenses sean jóvenes que estudian o trabajan fuera plantea un desafío de continuidad. Sin embargo, la experiencia de otras localidades demuestra que el regreso a la competición puede actuar como factor de retención. En Rianxo, por ejemplo, la presencia estable en la élite de la Liga B ha permitido crear un sistema de cantera que integra a deportistas desde categorías inferiores y reduce la dependencia de fichajes externos.
La motivación adicional que supone competir en casa, como señala el presidente del club Suso Silva, puede traducirse en mejores resultados y, con ello, en un mayor orgullo comunitario. Este sentimiento de pertenencia actúa como contrapeso frente a procesos de despoblación que afectan a muchos pueblos costeros gallegos.
Perspectivas de sostenibilidad a largo plazo
La ausencia de un claro dominador en la Liga B, tal como reconoce Silva, favorece la incertidumbre competitiva y mantiene el interés del público. Esta característica estructural de la categoría B contrasta con la mayor previsibilidad que suele observarse en la Liga A y contribuye a que las regatas sigan siendo atractivas para espectadores ocasionales.
Desde el punto de vista organizativo, la colaboración entre el Club Náutico Ribeira y el Concello establece un modelo replicable en otras localidades que deseen reactivar su presencia en la competición. La clave reside en la capacidad de coordinar los recursos públicos y privados para garantizar la disponibilidad de embarcaciones, entrenadores y espacios de entrenamiento durante todo el año.
En términos más amplios, el mantenimiento de estas ligas autonómicas refuerza el tejido asociativo vinculado al mar y preserva conocimientos técnicos sobre la construcción y el manejo de traineras que forman parte del patrimonio inmaterial gallego. Si los clubes logran estabilizar sus plantillas y mejorar las condiciones de entrenamiento, el impacto económico y social de cada jornada podría ampliarse más allá del día de la regata, consolidando un ecosistema deportivo sostenible que combine tradición, turismo y desarrollo local.
