La euforia por el segundo Mundial de España inundó Valencia, pero no logró silenciar las protestas habituales contra el máximo accionista del Valencia, Peter Lim, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Miles de aficionados se concentraron en la Plaza del Ayuntamiento hasta la madrugada, donde los cánticos “¡Peter vete ya!” y las ofensas contra Sánchez surgieron de forma espontánea e intermitente.

Estos reclamos, que se corearon también en el minuto 19 como ocurre en Mestalla, revelan que las tensiones locales y políticas persisten más allá del éxito deportivo. La presencia de bengalas, masclets y el grito de guerra noruego añadió color a la fiesta sin generar incidentes graves, demostrando que la afición valenciana prioriza la convivencia incluso cuando expresa su descontento.
