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Álvaro Montero transforma las dudas en confianza y revive la tradición de Boca en los penales

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Álvaro Montero dejó de ser apenas el arquero cuestionado que había llegado a Boca para convertirse, en una sola noche, en el protagonista de una clasificación de alto voltaje. En Córdoba, el colombiano atajó dos penales frente a Vélez, recibió el premio al mejor jugador del partido y terminó abrazado por sus compañeros y por Juan Román Riquelme. La escena resumió un cambio de percepción que se venía gestando de manera silenciosa: el arquero comenzó a responder en los momentos decisivos y a ocupar un lugar central en la historia reciente del club.

Una definición que modificó el escenario

Boca eliminó a Vélez en una tanda marcada por la tensión y avanzó a los cuartos de final de la Copa Argentina. Montero fue determinante con dos atajadas, aunque su actuación tuvo un elemento adicional de dramatismo: a los 89 minutos había cometido un penal que terminó pegando en el palo. Esa jugada podía convertirse en el foco de una eliminación dolorosa, pero la definición posterior cambió por completo el relato. El colombiano se recuperó, sostuvo al equipo y terminó siendo decisivo cuando más se necesitaba.

El resultado adquiere mayor relevancia porque Boca llegaba de sufrir dos eliminaciones internacionales por penales que dejaron una huella profunda: ante Cruzeiro, en la Sudamericana 2024, y frente a Alianza Lima, en la Libertadores 2025. En ese contexto, cada tanda representa algo más que una instancia deportiva. También pone a prueba la fortaleza emocional del plantel y la capacidad de sus referentes para administrar una presión que, en el club, está cargada de antecedentes y expectativas.

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Del cuestionamiento a las atajadas decisivas

El desembarco de Montero no había sido sencillo. El arquero quedó especialmente expuesto después del 0-3 contra Riestra, en un partido en el que fue señalado por los goles recibidos. Tampoco había transmitido plena seguridad en la visita a O’Higgins, por la Copa Sudamericana. Sin embargo, aquella noche en Chile comenzó a funcionar como un punto de inflexión: Boca llegó a los penales y Montero apareció para sostener la clasificación.

El proceso continuó ante Lanús. Con el partido todavía 0-0, realizó una atajada determinante sobre el final y evitó que Boca quedara obligado a remontar un escenario más complicado. Minutos después llegó el gol de Tomás Belmonte. Esos episodios no eliminan automáticamente las dudas anteriores, pero sí modifican el modo en que se evalúa a un arquero: en lugar de ser observado únicamente por sus errores, empieza a ser valorado por su capacidad de intervenir en las jugadas que definen los partidos.

Trabajo, preparación y una tradición que pesa

Montero rechazó atribuir su rendimiento exclusivamente a la suerte. “Tiene mucho que ver el trabajo”, explicó después de la victoria ante Vélez, y destacó que Boca ofrece las condiciones necesarias para prepararse de la mejor manera. Su declaración resulta coherente con la naturaleza de los penales, una instancia en la que intervienen el estudio de los ejecutantes, la lectura corporal, la elección del momento para lanzarse y el control de los nervios.

La referencia a la suerte, de todos modos, forma parte del lenguaje habitual de las tandas. El propio arquero reconoció que también existe una cuota de azar, mientras que desde el plantel se insistió en la tranquilidad y la paciencia. La diferencia entre ambos conceptos es importante: la fortuna puede influir en un remate que pega en el palo o cambia de dirección, pero la preparación determina la capacidad de llegar a esa acción con información, convicción y una respuesta técnica entrenada.

Boca, además, tiene una relación histórica con los especialistas desde los doce pasos. Óscar Córdoba, Roberto Abbondanzieri, Agustín Orion, Agustín Rossi y Sergio Romero construyeron actuaciones memorables en distintas épocas. Romero fue especialmente determinante en la Copa Libertadores 2023, cuando sus atajadas en las definiciones ayudaron al equipo a avanzar. Esa tradición genera una expectativa adicional para cada arquero que defiende el arco del club, pero también puede convertirse en un respaldo simbólico cuando aparece una figura capaz de sostenerla.

Colombia ya conocía su especialidad

Lo ocurrido en Córdoba no constituye una novedad para el fútbol colombiano. En 2018, cuando defendía a Deportes Tolima, Montero atajó dos penales en la final contra Atlético Nacional y fue una de las figuras del título. Cinco años más tarde, ya en Millonarios, volvió a enfrentarse con Nacional en una definición y repitió la hazaña: detuvo los remates de Cristian Zapata y Jarlan Barrera, encaminando otra consagración.

Los números de esas dos finales ofrecen un dato contundente: dos clubes, el mismo rival y cuatro penales atajados. Pero la secuencia también muestra un rasgo de personalidad. Antes del último remate de aquella final con Millonarios, Montero se acercó a Larry Vásquez y le dijo: “Hazlo porque no voy a tapar más ningún penalti”. Su compañero convirtió y el equipo se consagró. La frase refleja la confianza con la que el arquero afronta esas situaciones y su capacidad para involucrar al grupo, no solamente para resolver de manera individual.

La confianza que empieza a devolver

Lautaro Blanco resumió la percepción interna del plantel al asegurar que Boca confía plenamente en Montero y que el arquero ya había realizado atajadas clave en varios partidos. El elogio no se apoya únicamente en la tanda contra Vélez: también incluye el crecimiento mostrado ante O’Higgins y sus intervenciones frente a Lanús. La regularidad será el próximo desafío, porque una actuación consagratoria puede cambiar el clima, pero no reemplaza la necesidad de sostener el nivel partido tras partido.

Montero llegó por pedido expreso de Rodolfo Arruabarrena, quien lo había solicitado con nombre y apellido para su segundo ciclo en Boca. Esa decisión explica parte de la expectativa que acompañó su incorporación y también el peso de las críticas iniciales. Ahora, el arquero empieza a devolver esa confianza con actuaciones que tienen un valor específico para el club: no solo evitan derrotas, sino que permiten avanzar en competencias donde cada detalle puede definir el futuro inmediato.

La historia de Boca con los penales y la trayectoria de Montero en las definiciones empiezan a cruzarse en un momento relevante. El equipo continúa en carrera en la Copa Argentina y también disputa los cuartos de final de la Sudamericana. En ambas competiciones, la presión aumentará y las tandas pueden volver a aparecer. La actuación contra Vélez no garantiza nuevas clasificaciones, pero sí ofrece una señal concreta: Boca encontró en su arquero una herramienta que conoce bien ese escenario y que, después de atravesar dudas, parece listo para asumirlo.

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