En los metros finales de la Maratón Internacional de San Juan, dos corredores desplegaron la bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas”. La imagen, captada por espectadores, replicó el gesto de los futbolistas tras la semifinal del Mundial 2026 contra Inglaterra y confirmó que el reclamo territorial sigue presente en competencias de masas.

La décima edición reunió a miles de atletas en distancias de 5 a 42 kilómetros entre el Dique Punta Negra y el Teatro del Bicentenario. Aunque no se confirmó si ambos portadores corrieron juntos desde el inicio, su unión en la recta final bastó para generar el momento más comentado de la jornada. El acto no fue coreografiado por la organización, sino surgido de manera espontánea entre participantes.
Este tipo de gestos en eventos deportivos no competitivos revela cómo la cuestión Malvinas atraviesa capas distintas de la sociedad argentina más allá del fútbol profesional. La bandera, confeccionada por hinchas y ya convertida en símbolo tras el Mundial, reaparece ahora en el running sin necesidad de estructura institucional. La repetición en contextos diferentes indica que el reclamo mantiene vigencia social y se actualiza cada vez que una victoria deportiva genera visibilidad internacional.
La maratón, consolidada como cita principal del calendario argentino de fondo, sirvió así de escenario secundario para un mensaje que trasciende el deporte. La escena final, sin declaraciones oficiales de los corredores, bastó para conectar la victoria futbolística con la práctica cotidiana del running y mantener el tema en el centro de la atención pública.
