La selección española llega a la final del Mundial con una solidez defensiva histórica: solo un gol encajado en siete partidos. Unai Simón mantiene la portería a cero en seis encuentros y el equipo de Luis de la Fuente aspira a superar el récord de las campeonas menos goleadas. Esta fiabilidad se apoya en una zaga compacta y en un centro del campo que combina recuperación y salida de balón con calidad.

Manolo Lama ha señalado en Deportes COPE que jugadores como Rodri, Fabián, Mikel Merino y Zubimendi habrían elevado a cualquier selección a semifinales. Su crítica se centra en que Real Madrid y Barcelona dejaron escapar a estos talentos formados en LaLiga para invertir en fichajes extranjeros. La observación no es solo nostálgica: evidencia una política de captación que subestima el valor inmediato del talento nacional disponible en la propia competición.
El desajuste resulta evidente. Mientras clubes con presupuestos más ajustados no pueden retener a sus estrellas, los dos grandes poseen recursos suficientes para integrar a estos mediocampistas sin renunciar a su proyección. El resultado es una paradoja estructural: España exporta calidad que luego brilla en ligas extranjeras, mientras sus equipos más potentes buscan en el exterior lo que ya poseían en casa. Esta dinámica debilita tanto el rendimiento de los clubes como la propia competitividad de LaLiga a medio plazo.
