María Conde ha necesitado muy poco tiempo para demostrar que su desembarco en la WNBA no era un salto al vacío, sino la consecuencia lógica de una carrera que lleva años pidiendo llegar a lo más alto. Su último partido contra las Lynx fue discreto, solo 5 puntos, pero los anteriores habían confirmado que su adaptación avanza bien. Previo al tropiezo, la madrileña firmó 20 tantos, 10 rebotes, una asistencia y un robo ante las Lynx otra vez. Antes de eso fueron las 15 anotaciones frente a Las Vegas y las 13 ante Atlanta. Toronto perdió los tres encuentros, pero Conde aportó en cada uno.
Del draft de 2019 al momento correcto
Chicago Sky la eligió en la tercera ronda del Draft de 2019, pero no llegó a dar el salto. Golden State Valkyries volvió a seleccionarla en el Draft de Expansión de 2025, aunque una rotura en el tendón de Aquiles frenó la operación. Toronto Tempo la escogió bajo el mismo método en 2026, y esta vez sí fue el momento correcto. Conde aterrizó en Canadá con un contrato de un año por 270.000 dólares y con la etiqueta de una de las mejores jugadoras en Europa que nunca había estado en la WNBA, según el mánager de los Toronto, Eli Horowitz. Esas palabras parecían arriesgadas, pero se han sostenido desde el primer día.
Conde promedia 9,1 puntos, 4,7 rebotes y 2,4 asistencias por partido en su temporada debut. Esas cifras reflejan a una jugadora que aporta en todas las áreas y que se ha convertido en una pieza imprescindible para un equipo golpeado por las lesiones. Su papel como alero se ha visto alterado por urgencias del equipo: durante las primeras semanas tuvo que ocupar las posiciones de 4 y de 5, incluso llegó a defender a Nneka Ogwumike en algún partido. Aquella noche en Los Ángeles, con Toronto sin ninguna pívot disponible, llegó a preguntarse qué hacía allí, pero la respuesta ha ido apareciendo sola.
Versatilidad como respuesta a la escasez
La capacidad de Conde para ocupar cualquier posición ha encajado de inmediato. Su velocidad y lectura de juego le permiten defender múltiples puestos sin perder eficacia ofensiva. Horowitz insiste en que llevan años siguiéndola en la Euroliga y con España. Esa observación prolongada explica por qué Toronto apostó por ella cuando otras franquicias dudaron. La jugadora reconoce que llegar a la WNBA implica reconstruir el nombre que ya tenía en Europa, pero también asegura que confía en su experiencia y en las bases de su juego.
El nuevo CBA de la WNBA influyó en su decisión. Conde eligió bien el momento: su estado físico era óptimo y su carrera pedía un desafío mayor. Sabía que la adaptación no sería inmediata, pero también que su estilo encajaría tarde o temprano. Toronto encontró en ella una solución a corto plazo y una apuesta a largo plazo.

El efecto en el vestuario de Toronto
El equipo canadiense atraviesa una temporada complicada por las lesiones. Conde ha cubierto huecos que nadie esperaba que una rookie europea resolviera. Su promedio de rebotes y asistencias demuestra que no se limita a anotar. Los jugadores locales observan cómo una jugadora que llegó sin expectativas mediáticas se ha ganado minutos y confianza. Esa dinámica reduce tensiones internas y ofrece un modelo de integración rápida para futuras incorporaciones europeas.
Desde la perspectiva de la liga, el caso de Conde refuerza la narrativa de que el talento europeo ya no necesita años de espera. Otras franquicias revisan ahora sus listas de seguimiento en la Euroliga. El éxito de una jugadora que llegó con 27 años cuestiona la idea tradicional de que solo las jóvenes estadounidenses pueden adaptarse con rapidez.
España y el Mundial de 2026
Conde está convocada para el Mundial de 2026 en Berlín, donde apunta a ser una pieza esencial para la Selección. Su experiencia en la WNBA le aporta ritmo de partido y confianza ante rivales de primer nivel. La Federación Española ve en ella un puente entre la generación consolidada y las más jóvenes. Sin embargo, el riesgo de sobrecarga existe: jugar en dos continentes y en tres competiciones distintas puede afectar su rendimiento si no se gestiona la carga física con precisión.
El mánager Horowitz ha señalado que el seguimiento de Conde se remonta a partidos de Euroliga y ventanas de selección. Esa continuidad en la observación permitió identificar el momento exacto en que su perfil encajaba en Toronto. Otras organizaciones que ignoraron ese historial ahora evalúan si cometieron un error similar con otras europeas.
Riesgos y proyecciones futuras
El principal riesgo radica en la repetición de lesiones. El tendón de Aquiles ya la frenó una vez y cualquier recaída alteraría tanto su contrato como la planificación de España. Otro factor es el rendimiento colectivo de Toronto: si el equipo no mejora, los números individuales de Conde pueden verse limitados por falta de apoyos. La liga también enfrenta el desafío de equilibrar el crecimiento de jugadoras europeas sin crear una brecha generacional dentro de las plantillas estadounidenses.
A medio plazo, Conde puede convertirse en referente para otras jugadoras que dudan entre quedarse en Europa o probar en la WNBA. Su contrato de un año funciona como prueba real para ambas partes. Si mantiene los promedios actuales y Toronto alcanza los playoffs, la renovación parece probable. En caso contrario, su nombre seguirá circulando entre franquicias que busquen versatilidad sin pagar salarios máximos.
La trayectoria de Conde muestra que el momento de llegada importa tanto como el talento. Llegó cuando el mercado, su físico y las necesidades de Toronto coincidieron. Esa sincronía explica por qué su impacto ha sido inmediato y por qué su presencia seguirá marcando el debate sobre el lugar del talento europeo en la liga norteamericana.
