María Pérez llega al Europeo de Birmingham con la tranquilidad de quien ya ha ganado y, precisamente por eso, con una motivación más difícil de sostener. La española admite que el año se le ha hecho largo, pero defiende que ha sabido dosificar cargas sin perder nivel competitivo: el oro nacional con récord de España y su rendimiento en el GP Cantones confirman que la bajada de volumen no ha debilitado su base.

La rivalidad que la sostiene
El centro de su discurso ya no es la obsesión por completar un palmarés, sino la relación con Antonella Palmisano, a la que define como amiga, rival e inspiración. Pérez sostiene que esa competencia sana la empuja a ser mejor deportista y mejor persona. En un contexto de más de 100 atletas y un circuito estrecho, advierte además de una prueba tácticamente caótica, donde la gestión del tráfico y del avituallamiento puede decidir más que la fuerza pura.
La lectura más clara es que Pérez ha pasado de perseguir medallas a administrar un estado de plenitud competitiva. Ese giro, en una marchadora de 30 años, no reduce su ambición: la hace más estable. Si llega fresca y sin desgaste mental, sigue siendo una candidata real al título continental.
