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Marina Cortelles y Lucía Muñoz sellan el regreso de España al oro mundial y aseguran plaza olímpica

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Las gimnastas valencianas Marina Cortelles y Lucía Muñoz han unido dos logros de máxima relevancia para la gimnasia rítmica española: el título mundial conquistado en Frankfurt y la clasificación directa para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Las deportistas fueron recibidas este viernes en las instalaciones de la Fundación Trinidad Alfonso, donde el Proyecto FER organizó un acto de reconocimiento al conjunto nacional dirigido por la alicantina Alejandra Quereda.

Cortelles, de 19 años y natural de Silla, y Muñoz, de 18 y nacida en Valencia, admitieron que todavía necesitan tiempo para asimilar el alcance de una temporada que culminó con el primer puesto mundial y el billete olímpico. “Cuesta mucho conseguir un oro en un mundial y el billete a los Juegos Olímpicos”, señaló Cortelles, quien destacó que España se ha convertido en la primera delegación clasificada para la cita de 2028.

Un doble premio perseguido durante toda la temporada

La clasificación olímpica constituía la prioridad competitiva del equipo español. El objetivo inicial, según explicó Cortelles, era situarse entre las tres primeras selecciones del campeonato para garantizar el acceso a Los Ángeles. El oro mundial superó esa meta y añadió un valor histórico a una actuación que ya tenía consecuencias deportivas decisivas. “Nuestro objetivo era el pase a los Juegos Olímpicos, pero un oro mundial también te llena”, afirmó la gimnasta.

Muñoz describió el resultado como la culminación de un proceso iniciado mucho antes de la competición alemana. La preparación, dijo, se había desarrollado durante toda la temporada y también estaba vinculada a una aspiración que ambas arrastran desde niñas. Esa perspectiva permite entender por qué las deportistas calificaron la clasificación de “increíble”: no se trata únicamente de un resultado aislado, sino de la confirmación de un proyecto construido durante años y sometido a una exigencia técnica y coordinativa especialmente alta.

El conjunto español lo completan Inés Bergua, Salma Solaun, Andrea Fernández y Andrea Corral. La combinación de experiencia y juventud aparece como uno de los elementos que las propias gimnastas consideran determinantes. Bergua y Solaun ya formaban parte del ciclo anterior, mientras que las integrantes más jóvenes han incorporado energía y ambición a una estructura que necesitaba consolidarse para afrontar una temporada de máxima presión.

El valor histórico del título de Frankfurt

El triunfo en Frankfurt interrumpió una espera de 35 años para la gimnasia rítmica española. El último título mundial del país se había conseguido en Atenas en 1991. Desde entonces, España había subido al podio en nueve ocasiones en Campeonatos del Mundo, con cinco medallas de plata y cuatro de bronce, pero no había logrado recuperar el oro.

Ese recorrido explica la relevancia de la victoria más allá de la clasificación olímpica. España ya contaba con una tradición reconocible en esta disciplina, sustentada también por el oro olímpico de Atlanta 1996 y la plata obtenida en Río 2016. Sin embargo, los resultados posteriores en los mundiales habían reflejado una presencia constante en la élite sin el paso definitivo al primer puesto. El título de Frankfurt modifica esa lectura: confirma la competitividad del conjunto y aporta una referencia de autoridad de cara al ciclo que conducirá a Los Ángeles.

La medalla no garantiza por sí sola futuros resultados olímpicos. Entre el campeonato mundial y los Juegos transcurrirán dos temporadas en las que el equipo deberá mantener su rendimiento, gestionar la evolución de sus integrantes y adaptarse a las exigencias de un nuevo ciclo deportivo. La clasificación temprana, no obstante, permite planificar con mayor margen y evita que la obtención de la plaza se convierta en una presión añadida durante las próximas competiciones.

La cohesión como parte del rendimiento

Las integrantes del conjunto situaron el ambiente interno entre las claves de su éxito. Muñoz explicó que el trabajo y el sacrificio son comunes a todos los equipos, por lo que el buen entendimiento puede marcar diferencias en una disciplina donde cada movimiento depende de la coordinación colectiva. La distancia de edad entre las gimnastas, añadió, ha exigido un proceso de adaptación y conocimiento mutuo que no siempre resulta sencillo.

En ese proceso, la experiencia de Bergua y Solaun ha servido de apoyo para las más jóvenes. A cambio, estas han aportado iniciativa y entusiasmo. Muñoz resumió la relación afirmando que ambas generaciones se complementan, una idea que conecta directamente con las demandas de la gimnasia rítmica de conjunto: la precisión individual solo produce un resultado sólido cuando se integra en una ejecución común.

Cortelles incidió en que el equipo ha dedicado mucho tiempo a conocer las características de cada compañera y a identificar qué necesita cada una para rendir mejor. También destacó la confianza alcanzada durante el camino hacia el Mundial y la capacidad de transmitir tranquilidad y felicidad en la pista. “Con la mirada nos entendemos”, aseguró, una expresión que resume el grado de automatización y complicidad necesario para responder a ejercicios en los que las decisiones deben ejecutarse en fracciones de segundo.

Tras el reconocimiento recibido en Valencia, el conjunto afronta una nueva etapa con un doble punto de partida: el prestigio recuperado por el oro mundial y la tranquilidad competitiva de tener asegurada su presencia olímpica. El reto será convertir ese éxito en continuidad sin perder el equilibrio que las gimnastas señalan como una de sus principales fortalezas. Para Cortelles, la lección inmediata es también una invitación a mantener la ambición: “Hay que soñar a lo grande porque sí se pueden conseguir las cosas”.

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