La proximidad de la ceremonia del Balón de Oro, programada para el 26 de octubre de 2026, ha reavivado un debate recurrente en el fútbol mundial: la posibilidad de que un jugador reciba el galardón individual sin haber conquistado ningún título colectivo durante la temporada. El caso de Kylian Mbappé, quien terminó la campaña 2025-2026 sin trofeos de equipo, ha puesto el foco en esta cuestión. France Football, la publicación francesa que organiza el premio desde 1956, ha confirmado que el reconocimiento no exige logros colectivos como requisito indispensable.
El premio se otorga mediante votación de un jurado compuesto por periodistas especializados de los cien primeros países del ranking FIFA. Esta metodología permite valorar el rendimiento individual incluso cuando el contexto de equipo no genera títulos. Históricamente, el galardón ha reconocido trayectorias destacadas por encima de los resultados colectivos en seis ocasiones previas.
El primer precedente: Stanley Matthews en 1956
El inglés Stanley Matthews inauguró la lista de ganadores sin títulos de equipo. En 1956, el extremo del Blackpool fue elegido mejor jugador del mundo a pesar de que su club no conquistó ningún trofeo ese año natural. El premio, que entonces se basaba en el año calendario, premió su longevidad, técnica y influencia en el fútbol británico. Matthews demostró que la calidad sostenida podía compensar la ausencia de trofeos colectivos.
Denis Law y el Manchester United sin coronas
Ocho años después, en 1964, el escocés Denis Law repitió la hazaña. El delantero del Manchester United brilló con goles y liderazgo, pero el club no logró ningún título ese año. Law, quien había debutado en Huddersfield Town antes de destacar en Old Trafford, recibió el reconocimiento por su impacto individual en la Premier League y en la selección escocesa. Su caso consolidó la idea de que el rendimiento personal puede primar sobre los logros grupales.
Gerd Müller y el impacto en el Mundial de México
En 1970, el alemán Gerd Müller se convirtió en el tercer jugador en lograrlo. El goleador del Bayern Múnich y de la selección alemana no conquistó títulos ese año, pero su actuación en el Mundial de México, donde anotó diez goles, resultó decisiva. Müller demostró que las competiciones internacionales pueden inclinar la balanza cuando los clubes no aportan trofeos.

Kevin Keegan y el Hamburgo de los años setenta
El inglés Kevin Keegan ganó el Balón de Oro en 1978 sin títulos con el Hamburgo. Su capacidad para el regate, el remate de cabeza y el juego aéreo lo convirtieron en referente de su generación. Keegan contribuyó a elevar el perfil del fútbol alemán en Europa, aunque el club no alcanzó coronas esa temporada. Su victoria reforzó la percepción de que el premio valora el brillo individual en contextos diversos.
Luis Figo y el traspaso histórico de 2000
El portugués Luis Figo obtuvo el galardón en 2000 tras un año sin títulos. Su controvertido paso del Barcelona al Real Madrid marcó la temporada, pero su rendimiento en la liga española y en la selección portuguesa fue suficiente para el jurado. Figo demostró que el cambio de club y la adaptación rápida pueden compensar la falta de trofeos colectivos.
Cristiano Ronaldo en 2013 y el último caso
El último precedente corresponde a Cristiano Ronaldo en 2013. El portugués ganó el premio sin títulos de equipo esa temporada, apoyado en su capacidad goleadora con el Real Madrid y Portugal. Desde entonces, trece ediciones han transcurrido sin que se repita la situación. Mbappé aspira ahora a emular a su ídolo, aunque el contexto actual incluye una mayor competencia y la ausencia del Mundial como factor diferenciador.
El proceso de votación y sus implicaciones
France Football mantiene que el Balón de Oro evalúa el desempeño global del jugador a lo largo del año. La votación pondera partidos en liga, competiciones europeas y selecciones, pero no establece un mínimo de trofeos. Esta flexibilidad ha permitido reconocer a jugadores cuyo impacto trasciende los resultados colectivos. Sin embargo, los casos siguen siendo excepcionales porque la mayoría de ganadores combinan rendimiento individual con éxitos de equipo.
El debate actual refleja la evolución del fútbol moderno, donde los traspasos, las lesiones y las dinámicas de club pueden limitar los títulos sin restar mérito personal. Mbappé, al igual que los seis predecesores, enfrenta una votación que priorizará su contribución en la cancha por encima de la vitrina de su equipo. La historia indica que el premio puede concederse en estas circunstancias, aunque la frecuencia sigue siendo baja.
