Conor McGregor anunció que sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco durante su combate contra Max Holloway en UFC 329. La lesión se produjo en la primera secuencia al ejecutar una patada voladora ensayada, repitiendo el daño exacto de su primer encuentro con el mismo rival pero en la pierna contraria. El árbitro detuvo la pelea de inmediato tras la indicación del irlandés.

El regreso en nueve meses tras el percance de 2013 demuestra que McGregor posee una capacidad de recuperación probada. Los avances en medicina regenerativa y entrenamiento podrían acortar aún más ese plazo, situando un posible retorno para el verano próximo. Su capacidad actual para caminar sin muletas y activar el cuádriceps sin dolor refuerza esa proyección realista.
La reflexión espiritual del peleador añade profundidad al incidente: considera que el momento evitó un desenlace peor en la fiesta posterior. Esta perspectiva transforma una frustración deportiva en una pausa forzada que preserva su trayectoria a largo plazo, priorizando disciplina y salud sobre celebraciones inmediatas.
