El Gran Premio de Hungría confirmó el regreso competitivo de McLaren. Lando Norris logró su primera victoria del año tras superar internamente a Oscar Piastri y aprovechar un incidente con Carlos Sainz. El equipo de papaya recuperó ritmo suficiente para luchar por la pole y el triunfo, aunque la estrategia generó tensión interna que Norris resolvió en pista.

Max Verstappen volvió a ser el principal foco de atención. Con un Red Bull claramente inferior, el neerlandés superó a Lewis Hamilton en estrategia y agresividad, forzando un cambio de planes en Ferrari y manteniendo la segunda posición. Su capacidad para complicar las carreras de rivales más rápidos sigue siendo el elemento más impredecible de la categoría.
Estrategias fallidas y potencial de Aston Martin
Ferrari y Mercedes sufrieron por decisiones conservadoras y un coche de seguridad virtual mal gestionado. Hamilton perdió posiciones por exceso de velocidad en boxes y una sanción, mientras que Andrea Kimi Antonelli quedó atrapado detrás de Verstappen. Fernando Alonso, en cambio, demostró que el nuevo Aston Martin tiene margen real para mejorar, especialmente con motor nuevo de cara a Zandvoort.
La carrera mostró que la Fórmula 1 mantiene su capacidad de generar tensión incluso con monoplazas de 2026 que generaban bajas expectativas. Tras el parón veraniego, el foco estará en si McLaren consolida su mejora y si Verstappen continúa alterando el orden establecido.
