Lionel Messi volvió a llevar a Argentina a una final de Mundial, la tercera de su carrera, tras vencer 2-1 a Inglaterra en Atlanta. El capitán se arrodilló en el césped y luego, frente a los micrófonos, desmintió las acusaciones de favoritismo arbitral con un mensaje directo: el éxito se construye dentro de la cancha.
En su análisis del partido, Messi destacó la intensidad física de Inglaterra y recordó que el plan de juego argentino se basa en el control y la calidad demostrada durante cuatro años. Esa consistencia, afirmó, explica por qué el equipo llega a otra instancia decisiva sin depender de factores externos.

El capitán también subrayó que este grupo disputa su quinta final consecutiva y que los resultados se obtienen por mérito propio. Al igualar el récord de Cafu de tres finales mundialistas, Messi convierte su trayectoria en un ejemplo de longevidad y exigencia sostenida, más allá de las críticas recurrentes.
Con la mente ya en el duelo ante España, Messi señaló que las emociones actuales se procesarán después del torneo. Su capacidad para mantener el foco en el siguiente objetivo refuerza el liderazgo que ha sostenido a la selección en los últimos años.
