Alex Michelsen confirmó este domingo su creciente peso en el circuito al derrotar al argentino Tomás Etcheverry por 7-6(8), 6-4 y 6-4, un resultado que dejó al estadounidense en los cuartos de final del Abierto de Estados Unidos y terminó con la aspiración del jugador platense de instalarse entre los ocho mejores del torneo. Michelsen, situado en el puesto 46 del mundo, resolvió un duelo exigente frente al número 32 del ranking y mantuvo una señal especialmente reveladora de su recorrido en Nueva York: todavía no ha cedido un set.

Un desempate que alteró el sentido del partido
La primera manga concentró buena parte de la tensión competitiva de la jornada. El 7-6, definido en un desempate que Michelsen ganó por 10-8, no fue únicamente una ventaja numérica: modificó el marco psicológico de un encuentro en el que Etcheverry había conseguido sostener la paridad ante un rival con el impulso del público local. En los Grand Slams, una oportunidad perdida en un desempate suele ampliar el coste de los juegos posteriores, porque obliga al jugador que queda por detrás a buscar riesgos adicionales ante un adversario que ya ha demostrado capacidad para responder bajo presión.
Michelsen aprovechó ese cambio de escenario con una actuación cada vez más estable. El 6-4 del segundo set y el 6-4 del tercero indican que, tras la igualdad inicial, el estadounidense encontró mejores soluciones para administrar los momentos decisivos. La diferencia entre ambos no se expresó en una victoria arrolladora, sino en la repetición de pequeñas ventajas: sostener el orden después de los intercambios largos, evitar que el partido regresara al caos del primer parcial y capitalizar las ocasiones suficientes para cerrar cada manga.
La racha sin sets perdidos gana valor en la segunda semana
El dato más contundente de la campaña de Michelsen es su recorrido inmaculado en sets. Llegar a cuartos de final sin haber entregado una manga combina dos factores que suelen ser determinantes en un torneo de dos semanas: autoridad competitiva y ahorro físico. La segunda semana del US Open eleva la exigencia por la acumulación de partidos, la intensidad de los rivales y la presión asociada a las rondas finales. Haber evitado encuentros prolongados permite al estadounidense afrontar el siguiente desafío con una carga menor que la de muchos jugadores que necesitan remontadas o maratones para avanzar.
También hay una lectura de jerarquía en el resultado. Michelsen partía por detrás de Etcheverry en la clasificación mundial, pero la distancia de catorce puestos no funcionó como una barrera en la pista. El estadounidense exhibió una versión más sólida en el momento y en la superficie concreta, dos variables que pueden pesar tanto como el ranking en un cuadro de Grand Slam. Su progresión no se apoya en un golpe aislado ni en un triunfo circunstancial: la continuidad sin sets perdidos sugiere que ha encontrado una fórmula competitiva sostenible durante la primera parte del torneo.
Etcheverry se queda cerca de una oportunidad mayor
Para Etcheverry, la eliminación corta una secuencia que había alimentado expectativas. El argentino llegaba a este cruce después de vencer a su compatriota Mariano Navone, un triunfo que le permitió avanzar en un cuadro exigente y reafirmar su capacidad para competir en las grandes citas. Sin embargo, el desenlace ante Michelsen revela la estrechez de los márgenes en las rondas decisivas: la distancia entre mantener una opción de cuartos y despedirse estuvo concentrada, sobre todo, en un desempate del primer set resuelto por dos puntos.
La derrota no invalida su desempeño previo, pero sí deja una referencia precisa para evaluar su torneo. Etcheverry fue capaz de llevar el primer parcial a una definición extrema ante un jugador en gran forma, aunque no logró trasladar esa resistencia a los cierres de los dos sets siguientes. En partidos de esta dimensión, la regularidad en los instantes finales suele separar una actuación competitiva de una victoria que cambia el alcance de una campaña. El argentino deberá procesar esa oportunidad perdida sin perder de vista que su presencia en esta fase confirma su competitividad dentro del circuito.
Medvedev o Tiafoe, el próximo obstáculo
El rival de Michelsen en cuartos saldrá del partido entre el ruso Daniil Medvedev y el estadounidense Frances Tiafoe. Las dos alternativas plantean contextos distintos. Medvedev representa una referencia consolidada por experiencia y capacidad para convertir los partidos desde el fondo de la pista en pruebas de resistencia y precisión. Tiafoe, en cambio, añadiría la energía de un duelo entre estadounidenses en Nueva York, con una dimensión ambiental que puede elevar aún más la presión y el ritmo emocional del encuentro.
Sea cual sea el cruce, Michelsen llegará con una credencial difícil de ignorar: ha avanzado sin fisuras visibles en el marcador. El desafío será comprobar si esa solvencia inicial puede trasladarse a un rival de mayor jerarquía y a una instancia en la que cada partido empieza a definir el relato del torneo. Frente a Etcheverry ya superó una prueba de tensión; en los cuartos de final tendrá la ocasión de transformar su buena racha en una candidatura con alcance mayor.
