Tras la victoria argentina sobre Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026, el presidente Javier Milei respaldó el despliegue de la bandera “Las Malvinas son argentinas” por parte de los jugadores. El mandatario calificó el gesto como un sentimiento legítimo compartido por la mayoría de los argentinos y lo definió como válido dentro del ámbito deportivo, sin vincularlo a acciones diplomáticas oficiales.

La distinción trazada por Milei entre cancha y política exterior resulta clave. Al separar ambos planos, el gobierno argentino reduce el riesgo de escalada mientras mantiene su postura histórica sobre la soberanía. La posible multa de 30.000 dólares por parte de la FIFA aparece como un costo menor frente al mensaje interno de unidad nacional.
El reclamo británico de investigación ante la FIFA confirma que el episodio trasciende lo deportivo. Sin embargo, Milei reiteró que la recuperación de las islas se perseguirá exclusivamente por vía diplomática, evitando cualquier confusión que pudiera complicar el tablero internacional.
