Boca Juniors avanzó a los cuartos de final de la Copa Argentina tras eliminar a Vélez Sarsfield en una definición por penales disputada en Córdoba. El equipo dirigido por Vasco Arruabarrena dominó buena parte del encuentro, pero no logró trasladar esa superioridad al marcador y terminó dependiendo de Álvaro Montero, figura en la serie desde los doce pasos. El arquero colombiano detuvo dos remates y contó además con la ayuda del poste derecho en el penal que pudo haber definido el partido durante el tiempo reglamentario.
La clasificación dejó a Boca frente a Racing en la próxima instancia del certamen, aunque el desenlace estuvo atravesado por una discusión reglamentaria. La última atajada de Montero, ante Thiago Silvero, fue revisada desde las imágenes televisivas por una posible infracción del guardameta al adelantarse antes del impacto. El VAR, encabezado por José Carreras, no recomendó una revisión en campo y el árbitro Sebastián Zunino validó la acción que selló el pase xeneize.
Dominio sin eficacia y reacción de Vélez
Durante aproximadamente 75 minutos, Boca controló el desarrollo y generó las situaciones más claras. La circulación de la pelota, la presión sobre la salida rival y la presencia en campo contrario le permitieron al conjunto de Arruabarrena instalarse con frecuencia cerca del área de Vélez. Sin embargo, la falta de precisión en los últimos metros impidió que esa iniciativa se tradujera en una ventaja concreta.
Ese déficit ofensivo modificó el escenario en el tramo final. Vélez, dirigido por Guillermo Barros Schelotto, encontró mayor energía en los últimos minutos, adelantó sus líneas y comenzó a explotar los espacios que Boca dejó al no haber resuelto el partido. La reacción tuvo su punto más claro ya con el tiempo cumplido, cuando una contra conducida por Pellegrini derivó en la intervención de Simón Escobar dentro del área.

Montero salió a achicar y cometió infracción sobre Escobar. Zunino no dudó en sancionar penal y amonestó al arquero de Boca. La jugada expuso el riesgo que asumió el colombiano, quien quedó sin margen de error después de una acción en la que Vélez había conseguido quebrar la estructura defensiva rival. Dilan Godoy ejecutó el remate, Montero eligió arrojarse hacia su izquierda y la pelota impactó en el palo, para volver luego al campo de juego.
Tras el encuentro, el arquero explicó su decisión como una respuesta a una situación límite. “Teníamos bastantes situaciones para convertir, ellos tuvieron el penalti. Pero quemamos la última bala”, sostuvo. También reconoció que el equipo no debería exponerse a ese tipo de desenlaces: “Son errores que no pueden estar cometiéndose y afortunadamente salimos victoriosos”. La declaración reflejó una lectura compartida por el desarrollo: Boca tuvo argumentos futbolísticos para resolver la eliminatoria antes, pero perdió eficacia cuando más control tenía del juego.
Una serie que cambió con la primera atajada
La definición por penales volvió a colocar a Montero en el centro de la escena. El colombiano ya había sido determinante en otra serie reciente, frente a O’Higgins de Chile, durante los playoffs de la Copa Sudamericana. En Córdoba sostuvo esa condición desde el comienzo: le detuvo el primer disparo a Elías Gómez y le dio a Boca una ventaja anímica y numérica que sus compañeros pudieron administrar durante la tanda.
La importancia de esa primera intervención excedió el resultado inmediato. En definiciones de este tipo, un error inicial suele alterar la secuencia de decisiones de ambos equipos: quien toma ventaja puede ejecutar con menos presión, mientras que el rival queda obligado a acertar sin margen. Boca aprovechó esa circunstancia, aunque Vélez mantuvo sus posibilidades hasta el último remate de la serie.
Silvero tuvo a su cargo el penal decisivo para sostener al conjunto de Liniers. Montero rechazó el disparo y desató el festejo de Boca, pero la repetición instaló la controversia. En una de las tomas, el talón del arquero parece encontrarse sobre la línea de meta al momento del remate; en otra, da la impresión de estar algunos centímetros adelantado. La diferencia visual entre ángulos no permitió cerrar el debate de forma concluyente para el público, aunque la decisión arbitral quedó firme.
La discusión reglamentaria y el criterio del VAR
La regla establece que, en un penal, el guardameta debe tener al menos parte de un pie sobre o en línea con la línea de gol cuando el ejecutor golpea la pelota. Si el arquero se adelanta y esa acción influye en una atajada, corresponde repetir el lanzamiento. En este caso, el control de video no detectó una evidencia suficiente para intervenir ni llamó a Zunino a revisar la jugada en el monitor.
La polémica ilustra una de las dificultades recurrentes en este tipo de acciones: las cámaras televisivas pueden ofrecer perspectivas distintas y no siempre permiten establecer con precisión milimétrica la posición del arquero en el instante exacto del contacto. La ausencia de una comunicación pública con las imágenes y el trazado utilizado por el VAR deja espacio para las interpretaciones, especialmente cuando una acción reglamentaria determina la eliminación de un equipo.
Para Boca, la clasificación representa la continuidad de una campaña que combina capacidad competitiva y señales de alerta. El equipo consiguió imponerse en una instancia de eliminación directa gracias a la jerarquía de su arquero, pero deberá mejorar su resolución ofensiva para evitar que partidos controlados se conviertan en finales inciertos. Vélez, en cambio, quedó fuera pese a su reacción final y a haber tenido en el penal de Godoy una oportunidad inmejorable para cambiar la historia. Racing será el próximo rival de Boca en unos cuartos de final a los que el conjunto de Arruabarrena llegó por resistencia, eficacia en la tanda y una decisión arbitral que seguirá bajo discusión.
