Morante de la Puebla nació en Sevilla en 1979 en una familia sin tradición taurina. Su padre trabajaba en una arrocera y su madre en el hogar. A los cinco años ya se enfrentó a su primera becerrita y sintió lo que él mismo define como el venenillo. Ese instante marcó el inicio de una trayectoria que superaría las mil corridas y el récord Guinness de la faena más corta.

Su aprendizaje no se produjo en escuelas formales, sino en el campo y en tertulias de bares locales. Leonardo Muñoz lo descubrió y se convirtió en su primer apoderado. La determinación infantil de obtener un traje de luces, que pidió a los Reyes Magos sin éxito, reveló una vocación precoz que lo separó de sus compañeros de juegos.
Infancia guiada por el toro
Morante reconoce que su niñez no fue normal porque vivió exclusivamente para el toro. Esa concentración temprana explica cómo un torero sin apoyos familiares alcanzó cifras históricas y una audiencia incomparable. El venenillo que detectó a los cinco años se transformó en madurez profesional y en una carrera que sigue atrayendo multitudes.
