Jose Mourinho asumió el mando del Real Madrid en junio, participando activamente en decisiones de plantilla como la llamada a Cucurella. Desde el inicio oficial de la pretemporada el lunes pasado, su presencia en Valdebebas ha marcado un cambio inmediato: supervisa cada ejercicio con correcciones constantes y ha logrado que los jugadores acudan casi dos horas antes de los entrenamientos.

Este rigor inicial ha generado satisfacción en la zona noble del club, que buscaba restaurar cohesión en un vestuario marcado por tensiones recientes. La prueba real llegará con la llegada de Vinicius, Mbappé y Bellingham, donde Mourinho deberá subordinar egos individuales al colectivo. Los dirigentes confían en que su autoridad sea el factor decisivo para lograrlo.
