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Mourinho y Pellegrini llegan a Sevilla con una rivalidad transformada por el tiempo

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Real Madrid visita al Betis en Sevilla con un componente que trasciende la tabla y el resultado inmediato: José Mourinho y Manuel Pellegrini volverán a encontrarse después de casi 15 años de cruces deportivos, declaraciones ásperas y una relación que hoy parece haber dejado atrás su etapa más conflictiva. El duelo en La Cartuja será el decimoctavo entre ambos técnicos y colocará al portugués entre los entrenadores que más veces han enfrentado al chileno.

La novedad no está solo en la frecuencia de sus partidos, sino en el cambio de lenguaje. Mourinho, históricamente incisivo y confrontacional, reconoció en la previa que algunos de sus comentarios sobre Pellegrini fueron “muy estúpidos”. Anunció además un abrazo antes y después del partido. Pellegrini, sin dramatizar el episodio, respondió que siempre ha considerado al luso un gran entrenador y sugirió que la rivalidad verbal fue amplificada por la prensa más que por una enemistad personal sostenida.

Un partido con una historia desigual

El registro favorece con claridad a Mourinho. En 17 enfrentamientos oficiales entre España e Inglaterra, incluyendo ligas, copas nacionales y competiciones europeas, el portugués ganó ocho veces, Pellegrini cinco y cuatro partidos terminaron igualados. La estadística explica por qué este duelo suele ser leído desde la superioridad competitiva del técnico de Setúbal, bicampeón de la Champions League con Porto e Inter de Milán y ganador de títulos relevantes durante su primera etapa en el Real Madrid.

Sin embargo, el balance reciente matiza esa distancia. Pellegrini solo perdió uno de los últimos cinco partidos frente a Mourinho y obtuvo tres triunfos en esa secuencia. El último éxito del portugués se remonta a 2019, cuando su Tottenham venció 3-2 al West Ham dirigido por el chileno. Esa evolución no elimina la ventaja histórica de Mourinho, pero revela que el enfrentamiento dejó de responder a una jerarquía tan nítida como la que existía al comienzo.

Para el Betis, el reto será competir contra un Real Madrid de enorme poder económico y deportivo sin renunciar a la identidad que Pellegrini ha consolidado en Sevilla: control del balón, estructura ofensiva y una búsqueda de protagonismo incluso ante rivales de mayor presupuesto. Para Mourinho, el encuentro representa una nueva prueba de autoridad en su segundo ciclo blanco, esta vez frente al hombre al que reemplazó en 2010.

La herida que nació en el Real Madrid

La raíz de la tensión está en el contraste entre las experiencias de ambos en el club merengue. Pellegrini dirigió al Madrid durante la temporada 2009-10. Su equipo terminó segundo en LaLiga y fue eliminado tempranamente de la Copa del Rey por Alcorcón, entonces en Segunda División B, además de caer en los octavos de final de la Champions. Aunque el chileno defendió que había firmado la mejor campaña histórica del club en puntos hasta ese momento, Florentino Pérez no renovó su confianza.

Mourinho llegó después y tuvo un ciclo radicalmente distinto. Entre 2010 y 2013 ganó una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España, además de devolver al equipo a las semifinales europeas. La diferencia no fue únicamente de trofeos: el portugués construyó una relación de mayor cercanía con Florentino Pérez y se instaló como una figura de fuerte peso simbólico en el madridismo. Ese contraste convirtió a Pellegrini en una referencia incómoda para Mourinho y al Málaga del chileno en un blanco recurrente de sus provocaciones.

De la descalificación a la rectificación

En marzo de 2011, Mourinho afirmó que, si fuera despedido del Madrid, no terminaría entrenando al Málaga, sino a “un equipo grande” de Inglaterra o Italia. Pellegrini respondió con sobriedad: quien descartaba al club andaluz, dijo, era porque no conocía su proyecto. La discusión escaló cuando Mourinho recordó la eliminación ante Alcorcón y sostuvo que “el segundo es el primero de los últimos”. Poco después, el Madrid goleó 7-0 al Málaga, dando a esas frases una dimensión deportiva inmediata.

La fricción reapareció en Inglaterra. En 2013, Mourinho dirigía al Chelsea y Pellegrini al Manchester City. Tras una victoria de los londinenses por 2-1 con un gol tardío, el chileno evitó el saludo protocolar. Mourinho interpretó públicamente el gesto como una reacción normal de quien pierde en el último minuto y añadió comentarios sobre un supuesto favoritismo arbitral hacia el City. En aquel contexto, cada declaración servía para disputar control narrativo, no solo puntos.

La disculpa actual adquiere valor precisamente porque no borra ese historial. Mourinho no negó sus palabras ni intentó relativizarlas: las presentó como errores propios de una carrera extensa. Pellegrini, por su parte, evitó usar el reconocimiento para reabrir una disputa antigua. Su respuesta, al señalar que el portugués parece hoy más maduro y razonable, contiene una evaluación crítica, pero también establece que el vínculo ya no depende de ajustar cuentas.

El significado de una tregua competitiva

La reconciliación no convierte el partido en un gesto ceremonial. Ambos entrenadores necesitan ganar y representan ideas distintas sobre liderazgo, gestión de planteles y forma de competir. Pero el reencuentro ilustra cómo las rivalidades de élite pueden cambiar cuando desaparece la necesidad de defender un lugar recién conquistado. En 2011, Mourinho protegía su dominio en Madrid y Pellegrini buscaba reconstruir prestigio en Málaga; hoy ambos cuentan con trayectorias suficientemente consolidadas como para reconocer el mérito ajeno sin interpretar ese gesto como una pérdida de autoridad.

En La Cartuja se jugarán tres puntos, pero también una nueva escena de una relación marcada por el contraste. Mourinho conserva la ventaja en títulos y enfrentamientos directos; Pellegrini ha demostrado, especialmente en los últimos años, que su proyecto competitivo puede reducir esa brecha en el campo. El abrazo anunciado no resolverá el pasado, pero confirma que la rivalidad ha pasado de la provocación personal a una competencia más serena entre dos técnicos que ya no necesitan explicarse a través del otro.

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