La presidenta del Celta, María Mouriño, utilizó el pregón de las fiestas del Cristo de la Victoria para reiterar su determinación de sentar las bases de los próximos cien años del club. En su intervención, subrayó que esa tarea trasciende el rendimiento deportivo e incluye la formación integral de jóvenes canteranos, la inclusión social y la igualdad de género. La mandataria, que asumió el cargo hace casi tres años tras suceder a su padre, vinculó estos objetivos con la identidad cultural de Galicia y la responsabilidad de mantener al club como símbolo comunitario.

Formación, inclusión y fútbol femenino
Mouriño recordó proyectos como Celta Integra y el equipo femenino As Celtas, lanzado hace dos años, como herramientas para eliminar barreras y convertir la ilusión de niñas y jóvenes en ambición profesional. Destacó que la obligación del club no se limita a formar futbolistas, sino a educar en valores y ofrecer espacios más equitativos. Esta visión, respaldada por la presencia de su familia y el reconocimiento del alcalde Abel Caballero, quien la señaló como la única mujer que preside un club de Primera División, refuerza la estrategia de convertir al Celta en un referente social estable.
La dirigente agradeció al Cristo la valentía para tomar decisiones en momentos difíciles y la oportunidad de transmitir el sentimiento celeste a las siguientes generaciones. Al afirmar que el club, como la fe, pertenece a su gente, Mouriño estableció un marco de gestión cercano que prioriza la cohesión con la afición y la proyección de Vigo. Su discurso, once años después del pronunciado por su padre en el mismo acto, consolida una transición generacional orientada a la sostenibilidad institucional más allá de los resultados deportivos inmediatos.
