Una excavación en el yacimiento galorromano de Grand, en los Vosgos franceses, ha sacado a la luz más de 1.000 dados fabricados con huesos de bóvidos y ovinos. La concentración multiplica por diez cualquier conjunto romano conocido y convierte el hallazgo en la mayor colección de dados de la Antigüedad documentada hasta ahora.
Las piezas aparecieron durante la campaña de 2026, principalmente junto a un pequeño estanque ceremonial del siglo II d. C., aunque también fueron localizadas cerca de altares y recipientes de cerámica. Algunas vasijas contenían dados en su interior, un patrón que apunta a un depósito organizado y no a restos abandonados al azar.

Entre el juego y la adivinación
El contexto arqueológico refuerza la dimensión religiosa del conjunto. El hallazgo se produjo junto a la basílica, el decumanus y dos pequeños edificios interpretados como capillas. Cerca del estanque aparecieron monedas, fragmentos de altares y elementos vinculados a una imagen divina. La frecuente representación de Fortuna, diosa romana de la suerte, establece una relación directa entre azar, destino y devoción.
Muchos dados conservan círculos incisos, pero un grupo numeroso carece de marcas visibles. La explicación más probable es que la pintura original se haya perdido, aunque los investigadores no descartan que algunos fueran ofrecidos deliberadamente sin cifras. Esa posibilidad modifica la lectura del hallazgo: los dados pudieron emplearse no solo para apostar, sino también para consultar a los dioses sobre la salud, las cosechas o la guerra.
El equipo dirigido por el arqueólogo Thierry Dechezleprêtre continuará el estudio hasta 2027 para precisar las dataciones y aclarar por qué un santuario situado fuera del núcleo urbano reunió tantos objetos similares. La investigación convierte Grand en un observatorio excepcional de las prácticas rituales de la Galia romanizada, donde la frontera entre entretenimiento y adivinación parece haber sido mucho menos nítida de lo que sugieren las fuentes legales romanas.
