Kevin Keegan falleció a los 75 años tras una lucha contra el cáncer, según confirmó un comunicado familiar. Único futbolista británico en ganar dos Balones de Oro consecutivos, en 1978 y 1979, el delantero dejó una huella imborrable en el Liverpool, el Newcastle y el Hamburgo. Su físico explosivo y su capacidad de desmarque lo convirtieron en un referente que rompió con el prototipo tradicional del centrodelantero británico.

Formado en el Scunthorpe, fue fichado por Bill Shankly por 33.000 libras y se convirtió en pieza clave del Liverpool que conquistó tres ligas y la Copa de Europa. Su traspaso al Hamburgo por 500.000 libras marcó su consagración internacional. Keegan combinó potencia física con una personalidad generosa y combativa que influyó en una generación de jugadores. Su muerte cierra el capítulo de un arquetipo del fútbol británico que trascendió más allá del terreno de juego.
