Tommy John, el lanzador que dio nombre a una de las intervenciones más influyentes en la historia del beisbol, murió a los 83 años, informó este domingo Major League Baseball. Su carrera en Grandes Ligas abarcó 26 temporadas, dejó 288 victorias y cuatro selecciones al Juego de Estrellas, pero su lugar en la memoria deportiva excede con amplitud esas cifras: su regreso tras una grave lesión de codo abrió un camino médico que cambió la vida de miles de pitchers.
John perteneció a una generación en la que una rotura completa del ligamento colateral cubital equivalía, casi siempre, al final de una carrera. El 17 de julio de 1974, mientras lanzaba para los Dodgers ante los Expos, sintió un dolor agudo en el codo izquierdo. El diagnóstico fue devastador. Tenía 31 años, más de una década en las Mayores y un panorama que parecía cerrado antes de tiempo.

Después de dos meses de reposo y tratamientos sin éxito, apareció una opción que en ese momento sonaba más experimental que realista. El médico de los Dodgers, Frank Jobe, propuso una operación inédita: tomó un tendón del antebrazo derecho de John, perforó el húmero y el cúbito izquierdos y usó ese tejido para reconstruir el ligamento dañado. Jobe calculó que las probabilidades de que el pitcher volviera a las Grandes Ligas eran de una entre 100. La medicina y el deporte estaban a punto de comprobar lo contrario.
John perdió toda la temporada de 1975, pero regresó en 1976 y lanzó 31 partidos con Los Ángeles, con récord de 10-10 y efectividad de 3.09. Un año después llegó la validación deportiva: ganó 20 juegos, perdió siete y registró 2.78 de efectividad, terminó segundo en la votación del Cy Young de la Liga Nacional detrás de Steve Carlton y fue parte del equipo que llevó a los Dodgers al banderín. A partir de ese momento, la operación dejó de ser una curiosidad clínica y comenzó a verse como una alternativa viable para los lanzadores lesionados.
El impacto de ese regreso fue mayor que el de cualquier temporada aislada. John siguió activo durante años, fue convocado otra vez al Juego de Estrellas en 1978 y después firmó con los Yankees, donde prolongó su carrera hasta 1989, ya con 46 años. Cerró su trayectoria con 288 victorias, la segunda cifra más alta entre los pitchers de la Era Moderna que no ingresaron al Salón de la Fama. No llegó a Cooperstown, pero su nombre terminó instalado en el vocabulario médico y deportivo de las Grandes Ligas.
La historia de Tommy John también obliga a distinguir entre autoría técnica y valor simbólico. La cirugía fue diseñada y ejecutada por Frank Jobe; John no la inventó. Su papel fue otro: aceptar el riesgo, volver al montículo y demostrar que una reparación hasta entonces improbable podía funcionar en la práctica. Por eso su apellido sobrevivió a su carrera y se convirtió en una referencia recurrente cada vez que un parte médico menciona la misma lesión. En el beisbol, pocos nombres han dejado una huella tan duradera fuera de las estadísticas.
