Don Nelson, integrante del Salón de la Fama y una de las personalidades más influyentes de la historia de la NBA, murió a los 86 años, según informó su familia el domingo. Campeón cinco veces como jugador con Boston Celtics y tres veces elegido Entrenador del Año, Nelson dejó una huella que combinó éxito deportivo, innovación táctica y una presencia reconocible dentro de una liga que cambió a la par de su carrera.
La familia explicó que el exentrenador falleció “pacíficamente” por la mañana, rodeado de los suyos. La noticia cerró una trayectoria de casi medio siglo vinculada a la NBA, primero como ala-pivote y luego como técnico durante 31 temporadas. En ese recorrido se convirtió en el entrenador con más victorias en temporada regular durante años y aún ocupa el segundo puesto histórico, con 1335 triunfos, solo detrás de Gregg Popovich.

De Iowa a Boston
Nacido en Muskegon, Michigan, el 15 de mayo de 1940, Nelson se formó en la Universidad de Iowa y fue elegido en el puesto 19 del draft por Chicago Zephyrs. Jugó dos temporadas allí antes de pasar a Los Angeles Lakers en 1964. Un año más tarde fue cortado por esa franquicia y firmó con Boston Celtics, donde encontró el escenario decisivo de su carrera como jugador. Entre 1966 y 1976 ganó cinco campeonatos con esa organización, que retiró su camiseta número 19 en 1978. Su etapa en cancha se extendió durante 14 temporadas en la NBA.
Un entrenador que se adelantó a su tiempo
Adam Silver, comisionado de la NBA, afirmó que Nelson “revolucionó el baloncesto gracias a su audacia, ingenio y profunda convicción”. El reconocimiento no se apoya solo en los resultados: su propuesta como entrenador desafió varios hábitos de la época. En sus equipos, los interiores podían lanzar triples, los bases rivales sufrían presión constante y el juego se aceleraba para maximizar ventajas antes de que la defensa se organizara. Ese enfoque anticipó rasgos que hoy son comunes en la liga, pero que entonces eran excepcionales.
Su influencia fue especialmente visible en Golden State, donde ayudó a desarrollar a Dirk Nowitzki como un ala-pívot abierto y le dio licencia para ampliar su repertorio exterior. También condujo a Milwaukee a siete títulos consecutivos de la División Central y convirtió a Dallas en un equipo competitivo durante ocho temporadas. Aunque nunca ganó un campeonato como entrenador, sí dejó campañas de alto impacto y episodios recordados, como la eliminación de los Mavericks por parte de unos Warriors muy inferiores en los papeles en la primera ronda de 2007.
Legado más allá de los títulos
Nelson fue incluido en el Salón de la Fama del Baloncesto Naismith Memorial en 2012, una distinción que confirmó su peso histórico más allá de las estadísticas. Su caso resume una idea central en la evolución de la NBA: no siempre los entrenadores más ganadores son los que más alteran el juego. En su caso, la trascendencia provino de haber mezclado victorias, experimentación y una lectura temprana de hacia dónde se movería el básquet profesional.
La franquicia de San Francisco lo describió como “uno de los entrenadores más innovadores e influyentes” de la historia de la liga. Esa valoración coincide con la forma en que su carrera fue cerrando el círculo: de campeón como jugador en Boston a figura de culto como técnico en múltiples paradas, con un sello propio que siguió influyendo incluso después de su retiro en 2010, tras su segunda etapa al frente de Golden State.
