En Bogotá, mientras se recupera de una dolencia en la columna, María Fernanda Murillo volvió a poner su nombre en la conversación grande del atletismo colombiano. La antioqueña, que ya era referencia en salto alto y pruebas múltiples, ganó los 100 metros vallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo con 12,64 segundos, marca con la que no solo obtuvo el oro sino que mejoró en diez centésimas el récord nacional que ella misma había fijado meses antes en el Panamericano de Medellín.
El resultado confirma un giro deportivo que no fue improvisado. Murillo, de 27 años, dejó Turbo a los 14 para formarse en Medellín, combinó entrenamientos con estudios de Enfermería y atravesó jornadas extremas para sostener su carrera. Llegó a entrenar desde las 3:00 de la mañana, asistió a clases a partir de las 7:00 y más tarde se graduó como auxiliar de enfermería, una ruta que, según ha contado, le dejó una disciplina y una resistencia mental decisivas para competir al más alto nivel.

La atleta también estudia Licenciatura en Inglés y dice que su vocación de servicio no se limita a la pista. Desde Bogotá manifestó su deseo de haber ayudado de manera directa a las víctimas del terremoto que sacudió a Colombia el 10 de agosto, aunque sus responsabilidades se lo impiden. Esa dimensión personal ayuda a entender el perfil de una deportista que no ha construido su carrera solo sobre marcas, sino también sobre una mirada social marcada por su paso por entornos hospitalarios y por la convicción de que el rendimiento no la separa de la realidad del país.
De salto alto a especialista en vallas
Murillo fue durante años la reina colombiana del salto alto, prueba en la que conserva el récord nacional y sub-23 suramericano con 1,94 metros. Sin embargo, las pruebas múltiples le abrieron otra ruta competitiva y le permitieron explotar mejor su velocidad y su técnica en vallas. Ya había mostrado esa evolución en 2023, cuando ganó la prueba en los Juegos Nacionales del Eje Cafetero con 13,57 segundos. El salto a 12,64 en Santo Domingo, más que una mejora puntual, sugiere una transición sostenida hacia una atleta más completa y con techo todavía abierto.
La progresión, sin embargo, no ha sido lineal. La deportista ha debido superar lesiones de consideración, entre ellas una ruptura del ligamento resorte y otra de los tendones peroneos del tobillo izquierdo, que la alejaron de las pistas durante un año cada una. Antes de los Centroamericanos ya competía con una molestia en la columna, y el esfuerzo acumulado volvió a pasar factura después del torneo. Pese a ello, su capacidad para competir y responder en escenarios exigentes es hoy uno de sus principales activos deportivos.
Un proyecto que todavía crece
Desde el 26 de diciembre de 2024 Murillo trabaja bajo la orientación del antioqueño Mauricio Hernández, entrenador con sede en Bogotá y experiencia con figuras como Martha Araújo, Evelys Aguilar, Lina Licona y Bernardo Valoyes. Hernández la describe como una atleta disciplinada, versátil y con mucho margen de mejora. Su lectura coincide con la evidencia competitiva: la colombiana ya no depende solo de su historia en salto alto y empieza a consolidarse en el heptatlón y las vallas, dos frentes que exigen potencia, técnica y consistencia.
En público, Murillo ha dejado claro su objetivo inmediato: clasificar a unos Juegos Olímpicos y no hacerlo como participante secundaria. Su propia experiencia en visualización deportiva, cuando aún era saltadora de alto, ya la hacía imaginarse corriendo 100 metros vallas en una cita olímpica. Hoy esa imagen dejó de ser un ejercicio mental y se convirtió en una posibilidad respaldada por resultados. En un atletismo colombiano que todavía busca figuras de alcance integral, Murillo representa una rareza valiosa: una deportista capaz de adaptarse, ganar y seguir creciendo sin abandonar el rigor académico ni la mirada social que ha marcado su carrera.
