El Mundial de Norteamérica 2026, con 48 selecciones y tres países anfitriones, generó en México un impacto económico inferior a las proyecciones iniciales. La consultora Deloitte estima que la derrama total alcanzará 2.543 millones de dólares, una cifra que representa apenas 0,12 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y que se sitúa 7 por ciento por debajo de los cálculos previos que superaban los 2.700 millones.
La diferencia refleja una demanda turística más contenida de lo anticipado. El alto precio de las entradas limitó la afluencia de visitantes internacionales, mientras que el interés del público local se concentró principalmente en los partidos de la selección mexicana. Esta concentración temporal redujo el efecto multiplicador que se esperaba en sectores como hospedaje y entretenimiento durante las semanas posteriores.
Distribución geográfica del consumo
Ciudad de México concentró el mayor volumen con 548 millones de dólares, seguida por Jalisco con 290 millones y Nuevo León con 270 millones. El resto de las sedes aportó aproximadamente 640 millones adicionales. Estos montos corresponden principalmente a consumo en restaurantes, comercio minorista, transporte y alojamiento.
La distribución desigual evidencia que las ciudades con mayor infraestructura hotelera y mejor conectividad captaron la mayor parte del gasto. En cambio, sedes secundarias experimentaron incrementos más modestos, limitados a los días de partido local.

Generación de empleo y turismo
El torneo creó más de 100.000 puestos de trabajo temporales, sobre todo en servicios de alimentación y atención al visitante. Sin embargo, la ocupación hotelera promedio en las tres sedes mexicanas se situó en 66 por ciento, con picos de entre 80 y 90 por ciento únicamente los días de partido. Las tarifas medias subieron 120 por ciento, aunque muchos establecimientos no lograron mantener esos niveles durante toda la competencia.
Se calcula que México recibió alrededor de 494.000 turistas entre nacionales y extranjeros, 40 por ciento menos de lo previsto originalmente. Esta brecha se explica en parte por la competencia de plataformas de alojamiento alternativo y por las protestas sindicales que coincidieron con el inicio del torneo.
Contraste entre estimaciones
La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco) mantiene una proyección más optimista: 60.000 millones de pesos, equivalentes a unos 3.400 millones de dólares. Su presidente, Octavio de la Torre, señala que los hoteles con convenios FIFA y proximidad al Estadio Azteca registraron aumentos de ocupación superiores al 30 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.
El expresidente de la Asociación de Hoteles de Ciudad de México, Javier Puente, coincide con Deloitte en que la bonanza fue desigual. Los establecimientos situados en zonas sin acceso directo al público mundialista o sin convenios institucionales apenas notaron cambios en su facturación. Esta disparidad confirma que el beneficio económico dependió de la ubicación y del perfil de clientela más que del simple hecho de albergar partidos.
Lecciones para futuros eventos
Los datos revelan que el éxito comercial de un torneo de esta magnitud depende de la capacidad de los negocios para responder con rapidez a picos de demanda muy específicos. Los establecimientos que ofrecieron experiencias diferenciadas y tarifas flexibles lograron captar mayor gasto promedio, especialmente en gastronomía donde se combinó el consumo presencial con el servicio a domicilio.
El Mundial concluyó para México tras la eliminación del equipo nacional en octavos de final. Aun así, los efectos residuales en el sector servicios continuaron durante las semanas finales del certamen. La experiencia deja claro que las expectativas iniciales deben ajustarse a patrones de consumo más volátiles de lo que sugieren los modelos tradicionales.
