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Natural Race: la conexión entre Potrerillos y Mendoza que eleva la apuesta del turismo deportivo

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La quinta edición de la Natural Race, programada para el domingo 27 de septiembre, excede el formato de una competencia convencional de trail running. Su principal novedad no está sólo en la ampliación de distancias, que van de 7 a 60 kilómetros, sino en la decisión de convertir a la geografía mendocina en parte central de la propuesta: las pruebas de 42K y 60K partirán desde la costa norte del Dique Potrerillos y terminarán en el Teatro Griego Frank Romero Day, en la Ciudad de Mendoza. Esa conexión entre precordillera y área urbana resume una transformación más amplia: el deporte de montaña está siendo utilizado como herramienta de promoción territorial, movimiento turístico y activación económica.

La carrera tendrá como base operativa el Parque Deportivo de Montaña, detrás del Cerro de la Gloria, y reunirá modalidades de 7K, 12K, 15K, 21K, 42K y 60K. El Frank Romero Day será el punto de llegada de todas las distancias, además de concentrar asistencia, organización y público. La actividad comenzará a las 6 de la mañana y se extenderá durante toda la jornada. Vaypol, una empresa familiar mendocina próxima a cumplir 30 años, organiza el evento con acompañamiento de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza. La transmisión en directo prevista por el canal de YouTube RunningVa busca ampliar el alcance de una carrera que, según sus impulsores, ya convoca a miles de corredores.

El recorrido como producto: no se vende sólo una inscripción

La decisión de trazar la Ultra 60K y la Maratón 42K desde Potrerillos hasta la capital tiene una lectura económica y simbólica. En el trail running, la distancia es relevante, pero no explica por sí sola el atractivo de una prueba. El corredor elige también una experiencia: desnivel, paisaje, dificultad técnica, logística, identidad local y posibilidad de compartir el viaje con acompañantes. La travesía anunciada incorpora Pampa de los Ñangos, Cerro Alfalfar y Puesto del Indio antes de llegar al corazón de la ciudad. El itinerario transforma lugares que habitualmente aparecen separados en la oferta turística en una sola narrativa deportiva.

Ese diseño permite a Mendoza diferenciarse en un calendario sudamericano cada vez más competitivo. Muchas carreras de montaña compiten por altitud, paisajes o exigencia física; la Natural Race intenta añadir un atributo menos frecuente: una llegada urbana de alto reconocimiento cultural, en el escenario asociado a la Fiesta Nacional de la Vendimia. Para un participante, terminar en el Teatro Griego puede aportar un cierre visual y emocional que una meta aislada en montaña difícilmente reproduce. Para la ciudad, significa hacer visible el evento ante residentes, turistas y acompañantes que no recorren el circuito.

El primer punto que puede estar subestimado es precisamente la llegada. En eventos deportivos de resistencia, el tiempo que el competidor permanece corriendo por zonas remotas no siempre se traduce en interacción directa con el comercio local. En cambio, concentrar la meta, la entrega de asistencia y el espectáculo final en un sitio accesible facilita que familiares y amigos consuman, se desplacen y permanezcan más horas en la ciudad. La carrera deja de ser una actividad cerrada para atletas y pasa a tener una superficie pública más amplia. Esa condición es determinante para que el patrocinio municipal tenga justificación más allá de la promoción deportiva.

Seis distancias, seis puertas de entrada a un mercado en expansión

La grilla de seis circuitos revela otra decisión estratégica. Los 7K, 12K y 15K no tienen el mismo perfil de público, preparación ni exposición al riesgo que los 42K y 60K. Ofrecerlos en una misma jornada permite captar desde personas que se inician en senderos hasta corredores habituados a esfuerzos de ultra distancia. La organización no depende exclusivamente de una élite competitiva ni de un nicho técnico: construye una escalera de participación. Alguien que debuta en una distancia corta puede convertirse, con el tiempo, en corredor de media maratón, maratón o ultra.

Esta arquitectura tiene consecuencias para la industria. Los eventos masivos de trail no movilizan únicamente a deportistas experimentados; activan entrenadores, grupos de running, comercios especializados, servicios de fisioterapia, nutrición, indumentaria, alojamiento y transporte. Cuanto más amplia es la base de distancias, mayor es la diversidad de esos públicos. También crece el valor de la carrera para marcas y prestadores que no buscan sólo visibilidad entre atletas de alto rendimiento, sino acceso a consumidores recreativos con hábitos de compra asociados a actividad física y viajes de fin de semana.

El intendente Ulpiano Suarez vinculó el apoyo municipal con la promoción de actividades al aire libre y con la llegada de corredores acompañados por familiares y amistades. La afirmación es razonable, aunque exige una distinción importante: una afluencia numerosa no equivale automáticamente a un impacto económico significativo. La variable decisiva es cuánto tiempo se quedan los visitantes, dónde se alojan, qué consumen y en qué medida desplazan gastos que ya habrían realizado en Mendoza. Sin mediciones de ocupación, gasto promedio, procedencia y permanencia, el beneficio seguirá siendo una expectativa plausible, pero no una conclusión cuantificada.

La oportunidad para hoteles y comercios también depende de la logística

La Natural Race puede generar una ventana útil para operadores turísticos, pero su efecto no estará repartido de manera uniforme. Los establecimientos cercanos al centro, al Parque General San Martín, al Teatro Griego y a los puntos de entrega de kits tienen una ventaja clara. La entrega previa en la Nave Cultural, por ejemplo, puede inducir una llegada anticipada de participantes y contribuir a que la carrera ocupe más de un día en la agenda del visitante. Esa extensión temporal es fundamental: una prueba dominical que logra atraer corredores desde el sábado tiene más capacidad de movilizar hotelería, gastronomía y actividades complementarias.

La otra cara es el costo de conectar Potrerillos con Mendoza. En las categorías largas, las salidas se producen lejos de la meta, lo que obliga a diseñar traslados confiables, horarios estrictos, áreas de estacionamiento, comunicación para acompañantes y planes para quienes abandonen el recorrido. El atractivo de unir dos territorios incrementa la complejidad operacional. Una mala coordinación del transporte puede deteriorar la experiencia incluso si el circuito deportivo está bien resuelto. Para corredores que viajan desde otras provincias o países, la previsibilidad logística pesa casi tanto como la belleza del paisaje.

Vaypol llega a esta edición con una ventaja relevante: conocimiento local y trayectoria empresaria. Una pyme familiar con tres décadas de actividad puede articular proveedores y entender particularidades del terreno que un organizador externo tardaría en aprender. Pero esa cercanía no reemplaza la necesidad de estándares robustos. A medida que una carrera gana convocatoria y suma pruebas de 42K y 60K, aumentan las obligaciones en señalización, rastreo, hidratación, rescate, comunicación de emergencias y gestión de cortes o cruces. El crecimiento del evento debe venir acompañado por una profesionalización verificable de su operación.

La discusión incómoda: aventura, acceso público y presión sobre el territorio

El trail running suele presentarse como una actividad de bajo impacto por desarrollarse a pie y en entornos naturales. Esa idea es incompleta. Miles de participantes y acompañantes pueden generar erosión en senderos, residuos, tránsito adicional, perturbación de fauna y tensiones con habitantes o actividades rurales si el recorrido no cuenta con controles adecuados. El paso por áreas de precordillera demanda una evaluación que no se limite a la jornada de la competencia. También importa el entrenamiento previo, el reconocimiento informal de circuitos y la eventual repetición anual de la ruta.

Los corredores tienen interés en acceder a recorridos seguros, atractivos y bien señalizados; los vecinos y usuarios habituales de la montaña pueden priorizar tranquilidad, circulación ordenada y protección de caminos; la Municipalidad busca impacto económico y posicionamiento; el organizador necesita viabilidad financiera y reputación; los equipos de emergencia requieren protocolos realistas para responder en zonas de difícil acceso. Esos intereses no son incompatibles, pero sí obligan a tomar decisiones concretas sobre cupos, horarios, estacionamiento, residuos, uso de agua y restricciones en sectores sensibles.

Los cupos limitados anunciados pueden funcionar como herramienta deportiva y ambiental, siempre que respondan a una capacidad de carga definida y no sólo a una estrategia comercial. En pruebas largas, el número de personas en carrera debe relacionarse con el ancho de senderos, la disponibilidad de puestos de asistencia, los tiempos de corte, la capacidad de evacuación y las condiciones meteorológicas. Una tormenta, calor intenso, viento zonda o cambios bruscos de temperatura pueden alterar de forma rápida el nivel de exposición. La montaña mendocina ofrece valor competitivo, pero también impone una obligación de prudencia.

El desafío de convertir una carrera en política deportiva sostenible

La segunda idea central es que el turismo deportivo no se consolida por la espectacularidad de una edición, sino por la continuidad de una cadena de confianza. Un corredor decide regresar cuando encuentra información clara, seguridad, cumplimiento de horarios, atención médica, circuitos coherentes con lo prometido y una ciudad capaz de recibirlo. Las imágenes aéreas y la transmisión digital ayudan a proyectar el evento, pero no sustituyen esas condiciones. La reputación de una carrera se construye en detalles que raramente aparecen en la promoción: una señalización que evita extravíos, un puesto de hidratación abastecido, una devolución rápida del equipo o una respuesta eficaz ante un abandono.

Para el municipio, el desafío posterior será medir y publicar resultados que permitan evaluar el retorno de su apoyo. Sería útil conocer la proporción de participantes no residentes, noches de alojamiento asociadas, gasto estimado, empleo temporal generado, alcance audiovisual, incidentes atendidos y volumen de residuos recuperados. Esos datos no son un requisito burocrático: permiten comparar ediciones, detectar cuellos de botella y decidir si conviene ampliar cupos, modificar distancias o distribuir mejor los beneficios hacia otros barrios y prestadores.

La carrera también puede abrir una discusión sobre accesibilidad. El trail running requiere entrenamiento, equipamiento y tiempo disponible, condiciones que no están igualmente distribuidas. Las distancias cortas reducen parte de la barrera física, pero no eliminan costos de inscripción, traslado, calzado técnico o preparación. Si el apoyo público busca promover actividad al aire libre y no sólo atraer visitantes, sería consistente ampliar acciones paralelas para corredores locales principiantes, escuelas deportivas, clubes barriales y programas de formación en seguridad de montaña. La masividad no se mide solamente por inscripciones; también por la capacidad de incorporar nuevos participantes de manera segura.

De prueba aislada a calendario de destino

La evolución posible de la Natural Race depende de que Mendoza evite una mirada de evento único. El potencial está en integrar la competencia con una agenda anual de entrenamiento, ferias especializadas, propuestas gastronómicas, actividades culturales y circuitos turísticos de baja temporada. Potrerillos aporta el componente de naturaleza y desafío; la capital ofrece infraestructura, conectividad, servicios y una meta con peso identitario. Si esa complementariedad se ordena, la carrera puede ayudar a instalar un producto turístico reconocible, no sólo una fecha deportiva.

También hay un límite saludable para esa expansión. Crecer en participantes sin fortalecer movilidad, rescate, control ambiental y relación con comunidades locales podría deteriorar el activo que hace atractiva a la prueba: el territorio. La edición del 27 de septiembre será una oportunidad para observar si la unión entre el dique y el Teatro Griego funciona como promesa integral o apenas como un recorrido llamativo. La diferencia estará en la ejecución: una experiencia bien gestionada puede consolidar a Mendoza en el mapa regional del trail; una sobrecarga mal planificada puede convertir la visibilidad alcanzada en un riesgo reputacional difícil de revertir.

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