Jan Oblak no se apoyó únicamente en la intuición para protagonizar una de las paradas más llamativas del amistoso contra el Manchester United. El portero del Atlético de Madrid detuvo con las piernas un lanzamiento de falta que golpeó en la barrera, cambió de trayectoria y le obligó a reaccionar en décimas de segundo. Detrás de esa intervención hubo una preparación específica iniciada recientemente por el cuerpo técnico.
Reflejos entrenados para el desvío
Desde la semana pasada, los guardametas rojiblancos trabajan con una pistola lanzadora de balones que reproduce la incertidumbre de los lanzamientos de falta. El dispositivo se sitúa en la frontal del área, frente a varios maniquíes colocados como barrera. Algunas pelotas llegan directamente a portería y otras se desvían, obligando al portero a modificar la estirada cuando el balón ya está en movimiento.

La sesión de este miércoles confirmó que el ejercicio ya forma parte de la rutina de trabajo. Oblak y Salva Esquivel se entrenaron al margen del grupo mientras los jugadores de campo realizaban tareas de presión y practicaban acciones a balón parado. Dani Rubio, en cambio, permaneció con el resto de futbolistas. La labor estuvo supervisada por Pablo Vercellone, preparador de porteros del Atlético.
La herramienta busca mejorar tanto los reflejos como la capacidad de corregir una intervención ante trayectorias imprevisibles, uno de los escenarios más difíciles para cualquier guardameta. Su impacto ya se reflejó en un partido: la parada de Oblak ante el Manchester United funcionó como una primera demostración práctica de un método que el Atlético acaba de incorporar y que pretende convertir la reacción instintiva en una respuesta entrenada.
