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Ollamani enfrenta el costo financiero del Mundial

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La pérdida de 806.8 millones de pesos registrada por Ollamani entre abril y junio de 2026 coloca a la empresa ante una prueba que va más allá de un mal trimestre. El resultado coincide con la etapa de mayor exposición comercial del Mundial en México y revela una paradoja: la compañía consiguió elevar sus ingresos, pero no logró convertir el torneo, sus activos deportivos ni el mercado de jugadores en rentabilidad suficiente. El dato más relevante no es únicamente el tamaño de la pérdida, sino la combinación de costos extraordinarios, mayor endeudamiento y dependencia de recursos financieros para sostener la liquidez.

Las operaciones vinculadas con la FIFA aportaron 1,421.9 millones de pesos, equivalentes a 46.1% de la facturación trimestral. Sin embargo, sus costos ascendieron a 1,796.4 millones y los gastos a 182.7 millones, lo que dejó un resultado negativo de 557.2 millones. En términos simples, por cada 100 pesos ingresados por el Mundial, Ollamani reconoció aproximadamente 139 pesos en costos y gastos. Esta relación obliga a revisar la idea de que organizar actividades alrededor de un evento global garantiza beneficios automáticos para los operadores locales.

El Mundial amplió la escala, pero no el margen

El acuerdo de asignación de boletos fue la principal fuente de ingresos, con 685.3 millones de pesos. El FIFA Fan Festival generó 506.4 millones y la renta del Estadio Banorte para los partidos sumó 230.2 millones. A esas entradas se añadieron servicios de hospitalidad, alimentos, bebidas, estacionamiento, transporte, patrocinios y producción de actividades. La diversificación ofrece una ventaja estratégica: Ollamani pudo participar en distintas capas del negocio, en lugar de depender exclusivamente de la venta de boletos o de la renta del inmueble.

Pero esa misma amplitud complica la lectura del resultado. El reporte no separa los costos asociados con la monetización de entradas, el festival, la operación del estadio y los servicios ofrecidos a propietarios de palcos y plateas. Por ello, todavía no es posible identificar cuál de esas líneas produjo el mayor déficit ni saber si se trató de un problema de precios, compromisos contractuales, logística, seguridad, personal o demanda inferior a la prevista. La falta de desglose limita la capacidad de inversionistas y socios comerciales para evaluar qué actividades son escalables y cuáles deberían replantearse.

El impacto positivo del torneo tampoco debe descartarse. La exposición internacional del Estadio Banorte, la experiencia operativa acumulada y la relación con patrocinadores pueden generar contratos posteriores. Un festival de gran escala puede fortalecer la capacidad de Ollamani para organizar eventos, vender hospitalidad y atraer audiencias internacionales. No obstante, esos beneficios son potenciales y de largo plazo; no compensan por sí mismos una estructura de costos que ya produjo pérdidas significativas durante el periodo de mayor actividad.

El negocio de futbol muestra una señal más delicada

La presión no se limita a los gastos extraordinarios de la FIFA. Sin incluir las actividades especiales del Mundial, el segmento de futbol ingresó 1,554 millones de pesos durante el primer semestre, 12.1% más que un año antes. A pesar de ello, su utilidad se redujo de 89.9 a 12.1 millones, una caída de 86.5%. Entre abril y junio, los ingresos trimestrales crecieron de 611.7 a 718.8 millones, pero el segmento terminó con una pérdida de 75.9 millones.

La divergencia entre ventas y utilidad sugiere que el problema es estructural, no solamente coyuntural. Publicidad, patrocinios, arrendamiento del estadio y eventos generaron más actividad, pero los costos necesarios para producirla absorbieron casi todo el beneficio. También es posible que el crecimiento haya dependido de contratos con menor margen, de mayores gastos operativos o de compromisos relacionados con la remodelación del inmueble. Sin una explicación más detallada, cualquier conclusión definitiva sería prematura, pero la tendencia sí eleva el riesgo de que aumentar el volumen de negocio no sea suficiente para mejorar las finanzas.

Para el Club América, esta situación puede traducirse en una administración más selectiva del presupuesto. Los mercados recientes, con incorporaciones como Óscar Perea mediante préstamo y Edwin Cerrillo procedente del LA Galaxy, coinciden con un contexto menos expansivo. Sin embargo, las cifras de Ollamani no demuestran que el club haya reducido directamente su inversión en fichajes por las pérdidas corporativas. El riesgo está en que una política de contratación más conservadora limite la profundidad de la plantilla, la capacidad de competir en varios torneos y, eventualmente, el atractivo comercial del equipo.

El mercado de jugadores añade volatilidad

Durante el primer semestre, Ollamani reportó una pérdida neta de 74.2 millones de pesos en operaciones de venta de jugadores. Al mismo tiempo, los ingresos por transferencias bajaron de 89.6 a 55.2 millones, una disminución de 38.4%. Las salidas de Allan Saint-Maximin y Javairô Dilrosun ocurrieron en el periodo, sin que se anunciara públicamente una venta por ninguno de los dos. En contraste, el Betis confirmó la compra de Álvaro Fidalgo, aunque el monto no fue revelado.

Estos movimientos ilustran la incertidumbre del modelo futbolístico. Una contratación costosa puede perder valor si el jugador no se adapta, participa poco o abandona el club antes del plazo previsto. La salida anticipada de Saint-Maximin, incorporado como figura en 2025 mediante una operación reportada en alrededor de 10 millones de dólares, muestra el riesgo de que una inversión deportiva no produzca una recuperación financiera visible. La terminación del vínculo con Dilrosun apunta a otra clase de costo: un activo que deja de contribuir deportivamente sin generar necesariamente una transferencia.

La venta de Fidalgo pudo reducir parte del impacto, pero el reporte no permite atribuir la pérdida de 74.2 millones a jugadores concretos. Esa falta de información es importante para el mercado, porque impide distinguir entre una pérdida contable excepcional y una estrategia de transferencias que está destruyendo valor de manera recurrente. La respuesta dependerá de la capacidad de América para formar talento, proteger el valor contractual de sus futbolistas y evitar que las decisiones deportivas se conviertan en pasivos financieros.

La deuda eleva el umbral de seguridad

La deuda de largo plazo aumentó de 1,672 millones de pesos al cierre de 2025 a 2,377.3 millones en junio de 2026. Al incluir arrendamientos, el total alcanzó 3,400.2 millones. El crecimiento está relacionado en parte con la remodelación del Estadio Banorte, financiada mediante una línea de crédito de hasta 2,100 millones otorgada por Banorte a 12 años y garantizada con dos propiedades en Santa Úrsula Coapa.

La inversión en el estadio puede mejorar la capacidad futura de generar ingresos, elevar el valor de los palcos y atraer espectáculos de mayor escala. El problema es el periodo intermedio: la empresa debe pagar la deuda antes de que la rentabilidad adicional esté plenamente probada. Los gastos por intereses pasaron de 26.3 a 146.4 millones de pesos en el segundo trimestre, un incremento de 456.7%. Aunque Ollamani reportó estar al corriente en sus pagos, una pérdida operativa prolongada podría reducir el margen para enfrentar tasas altas, retrasos en eventos o una demanda menor.

El riesgo financiero se vuelve mayor cuando los ingresos dependen de actividades irregulares. Un Mundial puede generar cifras excepcionales que no se repiten cada año, mientras los intereses, arrendamientos y obligaciones contractuales permanecen. Si la compañía utiliza el flujo de un evento único para justificar una estructura de deuda permanente, podría enfrentar presión en los siguientes ejercicios. La cobertura de tasas reduce parte de la volatilidad, pero no elimina el riesgo de que el negocio produzca menos efectivo del necesario para atender sus compromisos.

Liquidez abundante, pero de origen no operativo

Ollamani terminó junio con 1,546.5 millones de pesos disponibles, frente a 216.9 millones al cierre de 2025. A primera vista, esa reserva ofrece un colchón importante para financiar operaciones, completar proyectos y atender obligaciones inmediatas. Sin embargo, el aumento no provino de las ganancias del negocio: la empresa registró 2,642.2 millones por cambios en la participación de sus subsidiarias y 704.8 millones mediante nuevos préstamos.

La entrada de recursos coincidió con la compra, cerrada el 15 de mayo, del 49% de la sociedad que controla al América, el Estadio Banorte y terrenos adyacentes. La operación valoró el conjunto en 490 millones de dólares, aunque el informe no confirma que los 2,642.2 millones correspondan al pago de General Atlantic. Esta incertidumbre impide medir con precisión el costo y el rendimiento esperado de la adquisición. También plantea una pregunta central: cuánto de la liquidez actual está libre para operar y cuánto está comprometido con la integración, la deuda o inversiones futuras.

La caja disponible permite evitar una reacción inmediata, como recortes abruptos en la plantilla o cancelación de proyectos. Las indemnizaciones por 6.9 millones de pesos y las reducciones de personal, sin detalle sobre las áreas afectadas, sugieren que la empresa ya está revisando su estructura. Si esos ajustes se enfocan en actividades de bajo rendimiento, podrían mejorar la eficiencia. Si afectan funciones comerciales, deportivas o de atención al aficionado, podrían deteriorar la calidad del producto y reducir ingresos posteriores.

Qué deberán vigilar inversionistas y aficionados

La evolución de Ollamani dependerá de varios indicadores durante los próximos trimestres: el margen real de los eventos, la generación de efectivo antes de financiamiento, el costo de la deuda, la utilización del Estadio Banorte y el comportamiento de los ingresos por transferencias. Será especialmente relevante que la compañía publique un desglose más claro de las operaciones del Mundial. Sin esa información, el mercado no podrá saber si la pérdida fue excepcional y corregible o si revela un modelo con rentabilidad insuficiente.

También convendrá observar el impacto sobre el América. Una administración prudente de recursos puede proteger al club frente a una crisis más severa, pero una austeridad mal dirigida puede afectar resultados deportivos, asistencia, patrocinios y valor de marca. La relación entre desempeño en la cancha y desempeño financiero no es automática, aunque en un club de alta exposición cualquier deterioro deportivo puede terminar reflejándose en ingresos comerciales.

Ollamani conserva activos valiosos, una marca deportiva de alcance nacional, infraestructura renovada y una posición de efectivo considerable. Esos elementos ofrecen posibilidades reales de recuperación si la empresa convierte la experiencia del Mundial en contratos recurrentes y mejora el control de costos. La principal amenaza no es una pérdida aislada, sino que el crecimiento basado en deuda y eventos extraordinarios oculte una rentabilidad operativa débil. La próxima etapa exigirá demostrar que el estadio, el América y las nuevas participaciones pueden generar efectivo sostenible, no solamente ingresos elevados durante ocasiones excepcionales.

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