La costumbre de bordar estrellas sobre los escudos de las selecciones campeonas del Mundial surgió en 1970. Tras el tricampeonato de Brasil en México, la marca Umbro decidió añadir tres estrellas doradas a la camiseta para conmemorar los títulos de 1958, 1962 y 1970. Aquella decisión comercial se convirtió después en una norma global.
En 2006 la FIFA reguló formalmente el uso de estos símbolos en su Reglamento del Equipamiento: una estrella de cinco puntas por cada Copa del Mundo ganada. Italia, Alemania, Inglaterra y Argentina adoptaron la práctica, que hoy identifica de inmediato a los equipos más laureados.

Uruguay constituye la única excepción reconocida: exhibe cuatro estrellas pese a contar solo con dos mundiales. La FIFA considera equivalentes los triunfos olímpicos de 1924 y 1928, otorgados antes de que existiera la Copa del Mundo. Este caso demuestra cómo la norma, nacida de una iniciativa de marketing, ha evolucionado para respetar la historia previa del fútbol internacional.
