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Palermo ante el desafío de rescatar a Platense

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Martín Palermo está cerca de iniciar su segundo ciclo como entrenador de Platense, luego de la salida de Walter Zunino y de un acuerdo de palabra alcanzado con la dirigencia. La eventual designación todavía depende de la resolución de algunos detalles, pero el movimiento ya expone la urgencia con la que el club busca reaccionar: el equipo viene de perder 4-0 frente a Talleres, apenas sumó un punto en sus primeras presentaciones del Torneo Clausura y atraviesa un clima interno tensionado por el episodio protagonizado por el capitán Ignacio Vázquez con dos plateístas.

El regreso del técnico que condujo al Calamar a la final de la Copa de la Liga en 2023 puede aportar conocimiento del club, autoridad y una referencia emocional para los hinchas. Sin embargo, el contexto actual es sustancialmente más exigente que el de su primera etapa. Palermo no asumiría para comenzar un proceso largo y ordenado, sino para atender una emergencia deportiva con un partido de Copa Libertadores a pocos días y una campaña local que ya obliga a sumar. La principal incógnita será si el valor simbólico de su regreso puede convertirse rápidamente en soluciones concretas.

Un retorno con crédito, pero sin margen

La primera experiencia de Palermo en Platense terminó con 17 triunfos, 12 empates y 17 derrotas en 46 partidos. Más allá de la irregularidad que reflejan esos números, el avance hasta la final de la Copa de la Liga instaló aquella etapa como uno de los capítulos más relevantes de la historia reciente de la institución. Ese antecedente explica buena parte de la confianza que la dirigencia deposita nuevamente en él y también la expectativa que puede generarse alrededor de su regreso.

El conocimiento de la estructura, de las características del plantel y de las demandas del público podría reducir el tiempo de adaptación. Palermo, además, ya conoce las dificultades de trabajar en un club que no suele disponer de los mismos recursos que los equipos de mayor presupuesto. Esa familiaridad puede facilitar la comunicación con los futbolistas y acelerar determinadas decisiones, sobre todo en la conformación de un grupo competitivo para los compromisos inmediatos.

El mismo antecedente, no obstante, puede transformarse en una presión adicional. La final alcanzada en 2023 elevó la vara de comparación y dejó instalada la idea de que el entrenador debe repetir rápidamente aquella campaña. Si el equipo no mejora en sus primeros encuentros, el recuerdo de la etapa exitosa podría dejar de ser un respaldo y convertirse en una exigencia permanente. La dirigencia deberá administrar esa expectativa para evitar que la nostalgia sustituya a la evaluación objetiva del presente.

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La urgencia competitiva condiciona el proyecto

El principal riesgo deportivo está relacionado con el escaso tiempo de preparación. Platense debe recibir a Coquimbo Unido el 12 de agosto por los octavos de final de la Copa Libertadores y jugar la revancha una semana más tarde en Chile. Si la llegada de Palermo se confirma en los próximos días, el entrenador tendrá pocas sesiones para conocer en profundidad el estado físico de sus jugadores, corregir problemas defensivos y definir una estructura táctica.

En este escenario, el nuevo técnico deberá elegir entre sostener parte de los mecanismos utilizados por el cuerpo técnico anterior o introducir modificaciones inmediatas. La primera opción puede favorecer la continuidad y reducir la confusión, pero corre el riesgo de conservar los problemas que llevaron al equipo a la crisis. La segunda permitiría enviar una señal de cambio, aunque una transformación acelerada puede generar desajustes en un plantel que necesita recuperar confianza antes que incorporar demasiados conceptos.

La goleada ante Talleres añade un elemento relevante: no se trata solamente de una derrota, sino de un resultado que puede haber profundizado la fragilidad defensiva y la incertidumbre colectiva. Una respuesta rápida exigirá mejorar la concentración, la coordinación entre líneas y la capacidad para competir en momentos adversos. Si esas correcciones no aparecen, la Libertadores puede convertirse en un examen prematuro que exponga las limitaciones del equipo antes de que Palermo tenga tiempo suficiente para trabajar.

Libertadores y Clausura: dos frentes, una plantilla

La doble competencia puede ofrecer una oportunidad y, al mismo tiempo, aumentar el riesgo. Una buena actuación contra Coquimbo Unido elevaría el ánimo del plantel, fortalecería la legitimidad inicial de Palermo y devolvería al club una visibilidad internacional que puede beneficiar sus ingresos, su convocatoria y su posicionamiento deportivo. Para un equipo que busca consolidarse, avanzar en la Copa representaría una señal de crecimiento y una fuente de motivación colectiva.

Pero concentrar recursos en la serie internacional puede dejar en segundo plano el Torneo Clausura, donde Platense ocupa el último lugar de la Zona A. La prioridad competitiva no puede medirse únicamente por el prestigio de la Libertadores: la necesidad de abandonar la parte baja también es inmediata. Si el equipo acumula malos resultados locales mientras intenta superar la eliminatoria continental, la presión aumentará sobre Palermo y sobre una dirigencia que ya debió cambiar de entrenador.

El calendario plantea además un problema de gestión física. Viajar a Chile entre dos compromisos relevantes, sostener la intensidad de los partidos y evitar lesiones requerirá una rotación que no siempre es sencilla para planteles con menor profundidad. La eventual ausencia de titulares, ya sea por desgaste o por problemas médicos, podría obligar al técnico a utilizar futbolistas sin suficiente rodaje. Esa dependencia de un grupo reducido suele afectar la regularidad en torneos largos.

El vestuario, primer terreno de reconstrucción

La recuperación de Platense no dependerá exclusivamente de un esquema táctico. El episodio que involucró a Ignacio Vázquez con dos plateístas revela un deterioro de la relación entre parte del entorno y el equipo, aunque no permite por sí solo establecer el estado general del vestuario. Palermo tendrá que reconstruir canales de comunicación, ordenar los roles de liderazgo y evitar que la frustración de los resultados se convierta en conflictos recurrentes.

La presencia de un entrenador con reconocimiento puede contribuir a ese objetivo. Su trayectoria como futbolista y su experiencia en distintos contextos le otorgan una autoridad inicial que puede facilitar la disciplina y la cohesión. Sin embargo, la autoridad no se sostiene únicamente en el nombre: deberá traducirse en criterios consistentes para elegir titulares, gestionar suplencias y abordar los errores individuales. Cualquier percepción de favoritismo o improvisación podría alimentar nuevas tensiones.

También será importante la respuesta de los referentes. El capitán y los jugadores de mayor peso pueden colaborar en la recuperación del vínculo con los hinchas, pero esa responsabilidad no debe recaer solo en ellos. La institución necesitará establecer límites claros para preservar la seguridad en las tribunas y garantizar que el reclamo legítimo por el rendimiento no derive en agresiones. Un clima de hostilidad permanente reduce la capacidad del equipo para competir y puede tener consecuencias disciplinarias y económicas.

Lo que puede ganar la dirigencia

Para la conducción de Platense, la elección de Palermo ofrece una ventaja inmediata: conecta la decisión con un recuerdo positivo y puede generar un efecto de unidad en un momento de incertidumbre. Después de conversar con Gustavo Costas, quien rechazó la propuesta, la dirigencia encontró en el regreso del Titán una alternativa con conocimiento del medio y una relación previa con la institución. Eso puede facilitar la aceptación inicial de la medida por parte de los hinchas.

También existe una oportunidad para ordenar el proyecto deportivo. El nuevo ciclo debería servir para revisar la conformación del plantel, detectar posiciones con poca competencia interna y establecer objetivos realistas para el corto y mediano plazo. Si la dirigencia acompaña al entrenador con información, respaldo institucional y decisiones coherentes, la llegada de Palermo podría superar el carácter de una solución de emergencia y convertirse en el inicio de una etapa más estable.

El riesgo aparece si el club utiliza el nombre del entrenador como sustituto de una planificación. Un cambio de técnico no corrige automáticamente deficiencias de plantel, problemas físicos o fallas administrativas. Si los resultados no llegan, la responsabilidad no podrá concentrarse indefinidamente en Palermo. La dirigencia deberá explicar qué objetivos persigue, qué recursos pondrá a disposición y bajo qué criterios evaluará el proceso, especialmente si la serie contra Coquimbo Unido termina de manera adversa.

El antecedente de Fortaleza obliga a medir expectativas

La última experiencia de Palermo fue en Fortaleza, donde dirigió entre septiembre y diciembre de 2025. En 17 partidos obtuvo ocho victorias, cuatro empates y cinco derrotas, pero no pudo evitar el descenso del equipo brasileño. Ese dato admite más de una lectura. Por un lado, muestra que su rendimiento reciente incluyó una cantidad significativa de triunfos. Por otro, confirma que los resultados individuales de un entrenador no siempre alcanzan para revertir una situación estructural en poco tiempo.

El caso brasileño resulta pertinente para Platense porque ambos escenarios comparten una característica: el técnico llega cuando el margen de error ya es reducido. La experiencia puede haberle aportado herramientas para trabajar bajo presión, pero también obliga a evitar promesas desmedidas. El descenso de Fortaleza no prueba por sí mismo una incapacidad de Palermo, aunque sí recuerda que un entrenador puede quedar condicionado por problemas acumulados antes de su llegada.

Sus pasos por Olimpia, Aldosivi, Curicó Unido, Pachuca, Unión Española, Arsenal y Godoy Cruz le proporcionaron experiencia en distintos torneos y culturas futbolísticas. Esa trayectoria puede ayudarlo a adaptarse, pero no garantiza que las soluciones de un contexto funcionen en otro. La composición del plantel, la competencia internacional y la situación anímica de Platense exigirán decisiones específicas, no la repetición automática de métodos utilizados en el pasado.

La señal que definirá el nuevo ciclo

La primera evaluación no debería limitarse al resultado contra Coquimbo Unido. Será necesario observar si Platense muestra mayor orden, capacidad de reacción y una relación más equilibrada entre riesgo y control. Incluso una eliminación puede ser compatible con un proceso de recuperación si el equipo compite y evidencia una dirección clara. Del mismo modo, una clasificación no resolvería por sí sola los problemas del Clausura si el plantel continúa concediendo demasiadas ventajas.

La institución tendrá que proteger el tiempo de trabajo sin ignorar la urgencia. Palermo necesita respaldo para construir una idea, pero el contexto obliga a establecer revisiones periódicas y transparentes. La combinación más razonable parece ser un objetivo inmediato —recuperar competitividad y sumar en el torneo local— junto con una evaluación más amplia de la evolución del equipo después de la serie internacional.

El posible regreso del Titán puede reactivar la ilusión y devolverle a Platense una figura asociada con una de sus mejores campañas recientes. La oportunidad es real: un entrenador conocido, un plantel todavía capaz de disputar una instancia continental y la posibilidad de transformar una crisis en un punto de inflexión. El riesgo también lo es: el calendario no concede tiempo, la presión ya está instalada y el recuerdo de 2023 puede elevar expectativas difíciles de satisfacer. El éxito del segundo ciclo dependerá menos del impacto emocional de la presentación que de la capacidad de convertir esa ilusión en organización, resultados y estabilidad.

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