España se impuso a Argentina en la prórroga de la final del Mundial tras dominar el encuentro y limitar las opciones del rival. El conjunto de Scaloni optó por un planteamiento físico que rozó la línea del reglamento desde el inicio, mientras el árbitro esloveno Slavko Vinčić mantuvo una permisividad notable hasta el minuto 41.
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Las acciones más controvertidas involucraron a Alexis Mac Allister, quien evitó amonestación en dos entradas duras. Enzo Fernández recibió la roja por una falta grave sobre Pau Cubarsí. Sin embargo, el foco principal recayó en Leandro Paredes, que acumuló una amarilla por empujones durante una interrupción y fue expulsado tras el pitido final por agredir a varios jugadores españoles, entre ellos Gavi y Eric García.
Repercusiones y análisis
Medios internacionales destacaron la falta de control arbitral sobre las infracciones repetidas de Argentina, que transformaron el partido en un choque de confrontación más que en un duelo táctico. La salida de Paredes tras el final evidenció una pérdida de compostura que eclipsó el rendimiento colectivo del equipo y generó críticas por la escasa sanción en tiempo real. Esta secuencia revela cómo la tolerancia inicial del colegiado amplificó tensiones que terminaron desbordándose fuera del terreno de juego.
