La victoria de Boca por 1-0 ante O’Higgins en el debut de la Copa Sudamericana dejó en evidencia cómo un solo instante de precisión puede definir un partido que durante largos tramos se mantuvo trabado. Leandro Paredes, con un pase de tres dedos que habilitó a Miguel Merentiel, transformó una posesión en el gol de la diferencia. Ese momento, sin embargo, no explica por sí solo el resultado; revela tensiones más profundas en la construcción del juego xeneize y en la capacidad de sus refuerzos para sostener un sistema que aún busca equilibrio.
El pase que redefinió la posesión
Durante el primer tiempo, Boca controló la pelota pero careció de claridad en los últimos metros. Paredes, recién incorporado al once inicial, participó poco hasta el minuto final, cuando ejecutó un envío que dejó a Merentiel mano a mano. Esa acción no fue casual: el mediocampista recuperó una pelota clave en la transición y optó por un toque quirúrgico en lugar de una conducción individual. El dato resulta relevante porque muestra cómo su lectura del espacio compensó las imprecisiones de compañeros que perdieron balones en zonas intermedias.
El segundo tiempo confirmó esa tendencia. Paredes repitió un envío similar y, más tarde, cortó una contra de O’Higgins que pudo haber igualado el marcador. Su rendimiento de 8 puntos no solo refleja asistencias, sino la capacidad de imponer ritmo en un mediocampo que Milton Delgado tardó en estabilizar.
Montero y la línea defensiva bajo presión
Álvaro Montero registró una atajada clave ante el zurdazo de Sarrafiore y evitó un gol tras el error de Nicolás Figal. Estos dos lances exponen una vulnerabilidad estructural: la zaga permitió dos mano a mano porque calculó mal la marca en el área. Figal y Ayrton Costa acumularon calificaciones bajas precisamente por habilitar salidas limpias del rival. Montero, con 7 puntos, actuó como último recurso, pero esa dependencia de su figura no puede sostenerse partido tras partido.

La decisión de Rodolfo Arruabarrena de mantener a los dos refuerzos desde el inicio generó un equipo que tardó en cohesionarse. Delgado acumuló pérdidas iniciales porque O’Higgins propuso un mediocampo cerrado. Solo cuando Paredes tomó el timón, Boca logró ordenar la salida y reducir los espacios que el rival explotaba.
La adaptación de Villa y la falta de profundidad
Sebastián Villa construyó con velocidad por la izquierda y generó centros constantes, aunque optó por ceder a Merentiel en lugar de encarar él mismo. Esa elección fue correcta en el gol, pero limitó la posibilidad de crear superioridades numéricas en el área. Lautaro Blanco, con Villa por delante, redujo sus incursiones y solo aportó un centro preciso a Ascacibar en el segundo tiempo. El conjunto perdió verticalidad en los costados cuando el partido se volvió más físico.
Los cambios confirmaron la necesidad de frescura: Santiago Ascacibar cabeceó solo tras entrar, pero la falta de potencia en el remate impidió el segundo gol. Alan Velasco y Malcom Braida aportaron control sin desequilibrio inmediato, mientras Kevin Zenón apenas tocó la pelota en sus minutos finales.
Perspectivas del plantel y del cuerpo técnico
Desde el punto de vista de los jugadores, Merentiel demostró que puede definir cuando recibe en condiciones favorables, pero necesita más apoyos en la creación. Para Paredes, el partido sirvió como validación de su rol de organizador tras años en Europa. En cambio, los defensores centrales enfrentan la presión de corregir errores de marca antes de que lleguen a instancias de eliminación directa.
Arruabarrena, calificado con 7 puntos, apostó por los refuerzos y resistió la presión inicial. Su capacidad para ajustar a partir del gol demuestra pragmatismo, aunque el margen de error defensivo sigue siendo estrecho. O’Higgins, por su parte, generó las chances suficientes para haber empatado y expuso que Boca aún no domina los partidos cerrados.
Riesgos estructurales y proyecciones futuras
El principal riesgo radica en la dependencia de Montero y en la lentitud para recuperar la pelota en mediocampo. Si los rivales de mayor jerarquía repiten la estrategia de O’Higgins, las pérdidas de Delgado y las habilitaciones de Figal podrían repetirse con mayor frecuencia. Otro factor es la rotación: la incorporación de Ascacibar y Velasco mostró que el banco puede aportar, pero carece de definición en los metros finales.
De cara a las siguientes fechas, Boca necesita estabilizar la salida con Paredes como eje y reducir las concesiones en el área. La tendencia a ceder centros laterales sin remate debe invertirse mediante mayor presencia de delanteros en el segundo poste. Si estas correcciones no llegan antes de la fase de grupos, el equipo podría quedar expuesto ante formaciones más agresivas que aprovechen los espacios que hoy solo Montero contiene.
