Paula Blasi ha convertido su debut en el Tour de Francia en la confirmación de una temporada excepcional. La ciclista catalana, de 23 años, terminó quinta de la clasificación general y fue la segunda mejor corredora del UAE Team L’IMAD, pese a competir inicialmente como gregaria de Elisa Longo y Dominika Wlodarczyk.
El resultado adquiere mayor valor por el contexto. Blasi llegó a la carrera francesa con un papel secundario y apenas un mes de margen desde que conoció su participación, después de haber ganado La Vuelta. En lugar de limitarse a trabajar para sus líderes, sostuvo un rendimiento propio de una candidata a la general y lució el maillot blanco de mejor joven desde la primera jornada.

Una progresión difícil de contener
Su Tour combinó sacrificio y ambición. Brilló en la contrarreloj, perdió tiempo únicamente tras un gran esfuerzo al servicio del equipo y después resistió junto a las mejores en el Mont Ventoux. En la última etapa, camino de Niza, terminó segunda y escaló dos posiciones en la general para entrar en el top-5.
Fran Escolà, su entrenador y descubridor, atribuye el salto a su fortaleza mental y a una capacidad de recuperación que incluso ha superado sus previsiones. “Está hecha de otra pasta”, resume. La frase no responde solo a una actuación aislada: Blasi también ganó la Amstel Gold Race, la Volta a Catalunya, el Tour de los Pirineos y la prueba de Durango.
La sucesión de resultados dibuja algo más que una revelación puntual. En su primera temporada completa como profesional, Blasi ha rendido en las Ardenas, en una grande por etapas y en el Tour, una combinación que la sitúa entre los proyectos más sólidos del ciclismo español. El siguiente desafío será transformar esta irrupción en regularidad sin acelerar una progresión que todavía parece lejos de haber alcanzado su techo.
