Ariel Pereyra, entrenador de Gimnasia, reconoció el impacto que tuvieron las expulsiones en la derrota por 4-0 ante Estudiantes, en una nueva edición del clásico de La Plata disputada este sábado por la quinta fecha del Torneo Clausura. El técnico sostuvo que su equipo logró competir durante el tramo inicial, pero admitió que la expulsión de Alexis Steimbach, a los 35 minutos del primer tiempo, modificó por completo el desarrollo del encuentro.
“La expulsión de Steimbach nos complicó. Hasta ahí fue un partido, luego cambió. Hasta que nos quedamos con uno menos fue un partido parejo”, afirmó Pereyra durante la conferencia de prensa posterior al partido. La referencia del entrenador apuntó a una acción en la que el mediocampista de Gimnasia recibió la tarjeta roja por un planchazo sobre Joaquín Tobio Burgos, una infracción que dejó al conjunto visitante en inferioridad numérica antes del descanso.
Hasta ese momento, Gimnasia había intentado sostener un esquema compacto, con especial atención sobre las bandas y la zona central del campo. Pereyra consideró que el planteo había cumplido su objetivo durante los primeros minutos, ya que Estudiantes no había generado ocasiones claras de gol y el partido se mantenía equilibrado desde el punto de vista táctico.

Una expulsión que alteró el plan
“Tratamos de cubrir las bandas y el medio también. Los primeros 30 minutos estuvimos bien”, explicó el técnico. Sin embargo, también marcó una diferencia individual entre ambos equipos: “Estudiantes tiene otro tipo de jugadores. En el medio son rápidos y más técnicos”. Para Pereyra, la pérdida de Steimbach no solo redujo las opciones de recuperación, sino que también obligó a Gimnasia a modificar sus distancias y a defender durante períodos cada vez más prolongados.
La ventaja numérica permitió que Estudiantes asumiera un mayor control de la pelota y encontrara más espacios para avanzar. Gimnasia, que había conseguido limitar las acciones ofensivas de su rival en igualdad de condiciones, empezó a replegarse y perdió capacidad para presionar lejos de su propia área. Esa transformación del partido fue uno de los principales argumentos utilizados por el entrenador para explicar la diferencia final, aunque el resultado también reflejó la superioridad que Estudiantes consiguió consolidar con el correr de los minutos.
El panorama se agravó apenas iniciada la segunda mitad. Germán Conti fue expulsado por doble amonestación y Gimnasia quedó con nueve futbolistas. Pereyra ubicó ambas tarjetas rojas como los problemas determinantes de la tarde: “Las expulsiones complicaron todo”. Con dos jugadores menos, el equipo quedó condicionado para defender y prácticamente sin posibilidades de disputar el control del juego en el mediocampo.
La goleada y el contexto del clásico
Estudiantes aprovechó esa situación para ampliar la diferencia y terminar imponiéndose por 4-0. La goleada no solo definió el resultado del clásico, sino que también expuso la distancia que puede producir una inferioridad numérica prolongada en un partido de alta exigencia. La expulsión de Steimbach llegó cuando el marcador todavía no se había abierto, mientras que la de Conti dejó a Gimnasia en una desventaja que volvió muy difícil cualquier intento de reacción.
El entrenador evitó desligar completamente a su equipo de la derrota, aunque insistió en que el análisis debía contemplar los momentos concretos en los que el partido cambió. “Siempre trato de jugar en función del equipo que enfrento. Hoy el planteo funcionó en los primeros 30 minutos. Lo dominamos y no nos crearon situaciones de gol”, expresó. Sus declaraciones combinaron una defensa del trabajo táctico inicial con el reconocimiento de que las decisiones y acciones disciplinarias alteraron el escenario previsto.
En un clásico, la magnitud del resultado agrega un componente emocional que excede los tres puntos. Gimnasia terminó el partido con dos expulsados y sufrió una derrota amplia frente a su rival de la ciudad, una circunstancia que puede incidir en el estado anímico del plantel y en la percepción de los hinchas. Pereyra reconoció ese impacto sin buscar minimizarlo: “Nosotros estamos igual o peor que la gente, nosotros la padecemos porque somos quienes entramos a la cancha y ponemos la cara”.
Gimnasia debe reaccionar ante Riestra
El calendario ofrece poco margen para prolongar el lamento. Gimnasia volverá a jugar el martes 18 de agosto, a las 17:00, frente a Deportivo Riestra, por los octavos de final de la Copa Argentina. El encuentro representará una oportunidad inmediata para cambiar el foco y buscar una respuesta deportiva después de la derrota en el clásico, aunque el cuerpo técnico deberá evaluar el desgaste físico, el impacto psicológico y las posibles consecuencias de las expulsiones.
“Tenemos un partido importante el martes. Borrón y cuenta nueva. Nos duele y no nos gusta perder un clásico, pero ya está”, señaló Pereyra. La frase refleja la necesidad de cerrar rápidamente el capítulo del 4-0, pero la recuperación no dependerá únicamente de una cuestión anímica. Gimnasia tendrá que corregir la pérdida de control registrada tras la primera expulsión, mejorar su capacidad para sostenerse sin cometer infracciones que comprometan el plan y recuperar eficacia en los momentos en los que el rival impone el ritmo.
Para Estudiantes, en cambio, el triunfo fortalece su posición en el Clausura y deja una referencia importante en la competencia interna de La Plata. Para Gimnasia, la prioridad será transformar la frustración del clásico en una reacción concreta en la Copa Argentina. El partido ante Riestra será el primer examen para determinar si el equipo puede recuperar estabilidad después de una jornada en la que el desarrollo parejo del inicio quedó completamente condicionado por las tarjetas rojas.
